lunes, 10 de septiembre de 2012

Edward Hopper 1882-1967


Es un pintor que siempre me emociona. Me acompaña  en esta visita una gran amiga, también a ella le gusta. Nos vamos al Museo Thyssen-Bornemisza. ¡Tan cerca de mi casa! A un paso del Prado, al que iré más tarde,

Entramos, me entregan un pendrive como prensa, mi amiga se siente emocionada y yo también. Hablamos bajito, las dos nos contamos que tenemos un gran libro del Maestro Hopper.
Después de ver esta esplendida exposición  que recomiendo, regreso a mi casa, busco desesperadamente mi libro que con  tanto cariño guardo de Edward Hopper. ¡Ah! lo encuentro, “Transformación de lo real” ¡Soy feliz!

Edward Hopper nació en Nyack y vivió durante toda su vida en Nueva York, aunque pasó veraneos largos junto al mar en su estudio de Cape Cod. Hijo de un matrimonio de clase media modesta, manifestó su vocación  por la pintura desde muy joven. Tras estudiar ilustración comercial durante un año, se matriculó en el curso de pintura de la New York School of Art, cuyo director era William Merritt Chase.
Para la mayoría de los europeos, Edward Hopper es un pintor que confirma la imagen que tiene de América. La exposiciones  mediante la que se dio a conocer a un numeroso público europeo, a finales  de los años setenta, muestran que la razón  de ello no ha de buscarse  en una determinada manera de pintar, representativa de una escuela específicamente americana. Esenciales son más bien los temas mismos de los cuadros y el hecho de que las –escenas-  representadas  en los cuadros de Hopper muestran una codificación  doble. La representación de un ambiente americano que aparece como característico  está sujeto, lo mismo que la exactitud realista de los detalles, a una ley de extrañamiento que, en la plasmación  de la vida  moderna, hace que se destaquen sobre todo sus grietas […]

Sin embargo, los rasgos realistas en los cuadros de Hopper están a veces tan acentuados que dan entrada a imágenes no claramente plasmadas o confieren a lo real un efecto fantástico. La visión pictórica de paisajes indica también  imágenes arquetípicas: La experiencia de la –frontera-, el encuentro del hombre y la naturaleza en el límite de la civilización, tratando desde el siglo XIX no sólo en textos de Nathaniel Hawthorne, Herman Melville y Edgar Allan Poe, sino también en cuadros de un Thomas Cole o de los paisajistas de la Escuela del Rio Hudson. Y así como mito del impulso sin barreras en el espacio natural se convierte e los textos de Poe y Melville en regidez y pérdida de la orientación, se transfigura también con frecuencia la representación de la naturaleza en los cuadros de Hopper. O está atravesada por los signos de la civilización –para ello figuran las vistas maníacamente repetidas de carreteras, pasos a nivel y faros-, los signos de la civilización se muestran perdidos y amenazados en una naturaleza intacta; esta es la impresión  que despiertan la mayoría de los cuadros de casas de Hopper […]

Hopper es un artista, para mí, –figurativo- no realista. El tiene otra visión de la realidad, me parece tan fresco y nuevo para estar entre los Siglos XIX y XX…  Admiro a Edward Hopper… me gustan sus personajes, están OUT…, como  esta venerable. Fantástica exposición.

Mariví Otero

Bibliografía: Museo Thyssen, catálogo de mano exposición. Madrid 12.6- 16.9. 2012
Rolf Günter Renner. Edward Hopper, 1882-1967 “Transformaciones de lo real” .1991 Beneditkt Taschen Verlag GmbH Hohenzollernring 53, D-50672 Köln.

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