viernes, 11 de diciembre de 2015

EDVARD MUNCH. Löten, 1863- Ekely (Oslo), 1944.


Hasta las interpretaciones de óptica más parisiense de la historia del arte postimpresionista se han sentido obligadas a tener en cuenta la presencia poderosa e inquietante del extraño maestro noruego Edvard Munch. Sus imágenes  obsesionantes de la vida, el amor y la muerte, su captación de un choque casi histórico  entre los sentimientos personales y un entorno hostil y opresivo, son conquistas que lo han anexionado a las grandes tradiciones del arte moderno y han dejado su obra grabada de forma indeleble en la conciencia de todo el que se interese por un nuevo lenguaje de forma y sentimiento adecuados a nuestra época de angustia. Ya en la década de 1890, cuando Freud publicaba en París sus primeros escritos sobre la historia, la obra de Munch era tan famosa en París y en Berlín como los dramas de su compatriota Ibsen; y en 1912 su fama no sólo llegaba hasta el orto lado del Atlántico, donde se le hizo su primera exposición en Nueva York, sino que fue prácticamente canonizado en Colonia, en la exposición del Sonderbund, al mostrársele en igualdad de condiciones (una sala para él solo) que la Santa Trinidad de los padres fundadores de la pintura moderna: Cézanne, Gauguin y Van Gogh. A principios del siglo XX estaba claro que Munch era un adelantado de la pintura moderna y de la experiencia emocional de nuestro tiempo.

Pero cualquier artista de la inmensa talla internacional de Munch requiere constante replanteamiento ¿Qué pensamos de él hoy, en el siglo XXI? ¿Cuáles son las preguntas que nos están ayudando a saber de él? Una repuesta de carácter general estaría en relación con un giro reciente en la perspectiva histórica, es decir, un esfuerzo por ver a Munch no sólo como un artista que creó en la década de 1890 una tradición radicalmente nueva, relevante únicamente para su propio siglo, sino también como heredero de las tradiciones que  existían en el siglo XIX. Empezamos a sentir curiosidad por sus fuentes, por sus raíces en el arte y la experiencia del siglo pasado, igual que en una visión histórica retrospectiva otros padres postimpresionistas de arte moderno –Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Seurat- están revelando más claramente sus profundos vínculos con el siglo XIX, además de con el siglo XX.


El Museo Thyssen-Bornemisza presenta en sus salas Edvard Munch. Arquetipos, la primera gran exposición del pintor noruego en Madrid desde 1984.  La muestra, organizada en colaboración con el Munch Museet de Oslo,  reúne alrededor de 80 obras, entre óleos, dibujos y grabados, la mitad de ellas procedentes de la colección del museo noruego.

Esta exposición nos ofrece una visión panorámica de la producción de Edvard Munch, conocido en todo el mundo como un pionero de la modernidad europea. Más allá de su icónica obra El grito de la que se expone una litografía, la muestra es una invitación a profundizar en la obra  del artista noruego.

Arquetipos



Lo que hace de Edvard Munch un artista tan especial y en su tiempo tan polémico es que sus pinturas, dibujos y grabados aluden a temas que han obsesionado, obsesionan y con toda seguridad seguirán obsesionando a la humanidad. ¿Qué significa nacer? ¿Y morir? ¿Qué es el amor? El significado más esencial de estos conceptos que configuran nuestro pensamiento colectivo es el que llamamos arquetipo. Como sociedad los hemos heredado a través de los mitos, las leyendas, los simbolismos culturales y la propia Historia y forman parte de nuestro inconsciente.

Los arquetipos son ideas abstractas y, no podemos entenderlos como una imagen, sin embargo, Munch dedicó su vida a darles forma a través de sus lienzos y grabados, hasta convertir su estilo en un arquetipo de sí mismo.

El recorrido de la exposición reúne un amplio catálogo de arquetipos emocionales a través de los cuales Munch nos revela diferentes obsesiones existenciales como el amor, deseo, celos, ansiedad o muerte; o estados anímicos como melancolía, pasión o sumisión.

Cada una de las secciones se configuran alrededor de estos arquetipos a través de la representación de la figura humana en diversos escenarios –como la costa, la habitación de la enferma, la habitación verde, el bosque, la noche o el estudio del artista-, combinando obras tempranas y versiones tardías, pinturas y obra gráfica, para subrayar la circularidad temática y existencial de Munch.






Comisariada por Paloma Alarcó, jefa de conservación de pintura moderna del Museo, y Jon-Ove Steinaug, director de colecciones y exposiciones del Munch Museet. Debo destacar que, una jovén Paloma Alarcó coordino hace treinta años la exposición retrospectiva: Edvard Munch (1863-1944). Salas Pablo Ruiz Picasso. Madrid, abril-mayo 1984. Ministerio de Cultura.

Para Paloma Alarcó, “Munch es la figura que faltaba dentro de la programación que ha puesto en marcha Guillermo Solana y con la que se ha propuesto revisar las figuras claves de finales del siglo XIX”, tal como se ha hecho con Cézanne, Regoyos, Pisarro o Van Gohgh. Exposiciones que se pueden ver en este blog.





Las influencias literarias y filosóficas  en la obra pictórica de Edvard Munch lo hacen fascinante y siempre por descubrir.

Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Bibliografía: Edvard Munch. Arquetipos. Guía didáctica 23. Museo Thyssen-Bornemisza. ISBN: 979-84-15113-75-1. Documentación del departamento de presa del Museo.
VV.AA.: Edvard Munch (1863-1944). Catálogo exposición, Madrid abril-mayo 1984. Salas Pablo Ruiz Picasso. Ministerio de Cultura. ISBN: 84-7483-365-5.
Video vía YouTube hecho por Reportarte.