viernes, 23 de junio de 2017

El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura.

Hoy he dado la bienvenida al verano en el Museo Thyssen-Bornemisza, con esta exposición dedicada al arte veneciano del siglo XVI, su primer periodo de esplendor, con casi un centenar de obras de artistas como Tiziano, Tintoreto, Veronés, Jacopo Bassano, Giorgione o Lotto. Desde el uso del claroscuro y el color como fundamentos de la representación de la figura y del espacio, hasta una atención a la naturaleza más directa que la que proponía la tradición clásica, de concepción más idealista, la muestra pretende demostrar cómo los medios específicos de la pintura veneciana plantearon una idea de belleza plenamente renacentista al mismo nivel, y a veces incluso superior, a lo que se hacía en Roma, Parma o Florencia.

La muestra está organizada siguiendo un recorrido temático a lo largo de ocho secciones:

El hilo conductor de la primera sala, entre Oriente y Occidente: la ciudad más bella del mundo. El esplendor medieval de la ciudad de Venecia subyugó a sus visitantes a lo largo del siglo XVI. En la simbólica fecha de Jacopo de’ Barbari realizó su Visita de Venecia, la primera vez que una ciudad se representaba a vista de pájaro de manera realista. Se trata de una imagen extraordinaria que en esta sala se acompaña de retratos  de las magistraturas venecianas como el deux Mocenigo (Gentile Belline) o los procuradores Gritti y Soranzo y un senador (obras de Tintoretto) y de un famoso cuadro de Veronés en el que  personajes vestidos a la oriental ejemplifican el carácter cosmopolita y de frontera entre dos mundos, entre Oriente y Occidente, de la ciudad.

Venecia y el sueño del clasicismo. La cultura renacentista en la que Venecia se quería integrar exigía una rápida renovación de la ciudad medieval, cuya arquitectura, gótica o bizantina, debía sustituirse por una nueva máscara, la clasicista. Arquitectos, humanistas, editores y coleccionistas se pusieron en marcha estudiando textos clásicos, como el tratado de arquitectura de Vitruvio (siglo I. a.C.), el único conservado desde la Antigüedad, o escribiendo nuevos textos como los de Sebastiano Serlio o Vincenzo Scamozzi, al que vemos retratado en esta sala en una oba de Veronés.

Lecturas clásicas, bibliotecas y coleccionismo de antigüedades son los rasgos característicos del mundo lagunar y el de la “tierra firma” que lo demuestran las pinturas de Moroni o los bronces con temas mitológicos expuestos en la sala.


Belleza y melancolía del Renacimiento veneciano. Los deseos de la belleza urbana (sala 1) conseguida a través del clasicismo (sala 2), se concretan en las más variadas tipologías  estéticas. El sueño de la juventud se expresó por medio del retrato del joven melancólico –que aquí se muestra con ejemplos capitales de Giorgione, Bernardino Licinio, Giovani Cariani o Lorenzo Totto, de la alegoría musical, máximo símbolo de la perfección estética en el Renacimiento –con una obra de Cariani-, o de la evocación a una Antigüedad, utópica  y también soñada, expresada en el libro de Francesco Colonna, Hypnerotomachia Paliphili (1499) sin duda el libro impreso más bello del Renacimiento.


Imágenes venecianas de la mujer, es el epígrafe para un extenso conjunto de pinturas que se hicieron populares en Venecia a partir de 1510. Obras fundamentales de Palma el viejo, Tiziano o Veronés desarrollan la idea dentro del  género del retrato femenino idealizado, que se prolonga también en el de la pintura mitológica en obras que tienen a Venus, la diosa de la belleza, como protagonista.

A medio camino entre la imagen de la belleza de la mujer y la pintura de devoción, la iconografía de la Magdalena fue una de las más practicadas por Tiziano. Se presentan aquí en esta muestra los tres mejores ejemplos existentes del tipo de la Magdalena vestida de ese pintor: la realizada para el cardenal Farnesio, del Museo de Campodimonte en Nápoles, una de las pintadas quizá para Alfonso Ávalos, y la que el propio artista poseía en su estudio en el momento de su muerte. Se trata, esta última, de una de las obras maestras de su periodo tardío, de la que la leyenda dice que Tiziano murió abrazado a ella.


El brillo del poder, en esta sala se analiza los reflejos desde dos puntos de vista. El primero es el del “brillo” del poder militar a través del reflejo pintado en las armaduras como vestidura propia del soldado, con ejemplos capitales de Carpaccio y Tiziano. El espectador debía de quedar fascinado ante obras de este tipo por la habilidad del artista en captar la fugacidad del brillo sobre el metal, algo técnicamente muy difícil. Modelo ejemplar de este concepto es el de Francesco Maria della Rovere de Tiziano.

En la sección de Pastorales venecianas, los Idilios de Teócrito y la Arcadia de Sannazaro constituyen la base literaria. Queda probado que el género alcanzo uno de sus más grandes logros en la ciudad lagunar. Una naturaleza bella e idealizada es el ambiente para pastorales de contenido mitológico, como los casos de las pinturas de Sebastiano del Piombo, Lorenzo Lotto, Palma el Viejo y otros. Las magnificas escenas pastorales de Jacopo Bassano muestran una imagen más real del entorno natural acorde con los intereses agrícolas del patriciado  véneto afincado en “tierra firme”, que encontró en las villas de Palladio su mejor expresión arquitectónica.


En el Ocaso del Renacimiento, la técnica de la pintura veneciana, que despreciaba el dibujo para centrarse en el color y la pintura de “manchas”, llevaba en sí el germen de su autodestrucción. Buena parte de los autores que desarrollaron ese concepto de belleza idealizada que hemos visto en las salas anteriores en torno a los temas de la melancolía, la música, la mujer, el poder o la naturaleza, concluyeron su carrera con pinturas en las que el violento claroscuro o los “crueles borrones” alcanzaron un protagonismo total, hasta el punto de discutirse hasta el día de hoy si, en el caso de Tiziano, se trata de obras terminadas o no. La sala se plantea como una discusión en torno a este asunto, y a su confrontación con obras tardías de Tintoretto, Jacopo Bassano y Veronés. El dramatismo de temáticas como la de la pasión de Cristo, unido a la autoconciencia de un momento que vio a sí mismo como “ocaso del Renacimiento” y el fin de la época hicieron el resto.


La última sala dedicada a Destrucción de la pintura,  el rey Felipe II fue el mayor aficionado al arte de Tiziano de todo el siglo XVI. Su colección fue la más importante, además, en lo que se refiere a obras del último periodo del maestro, como demuestran las existentes en el Museo Nacional del Prado y en el Monasterio del Escorial. De las conservadas en este último lugar, el dramático Cristo crucificado, menos conocido del público y culminación de esta exposición.


Comisario de la exposición Fernando Checa Cremades, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. La muestra aborda la presentación de este foco artístico, esencial para la comprensión de la historia de la pintura desde una meditada selección de temas ejecutados por los maestros que le dieron fama universal, en lugar de hacerlo desde el ámbito cronológico o estilístico. Para ello presenta un extraordinario conjunto de pinturas, y algunas esculturas, grabados y libros, procedentes de colecciones privadas y museos como la Galleria dell’ Accademia de Venecia, el Museo Nacional del Prado de Madrid, la Fondazione Accademia Carrara de Bérgamo, el Palazzo Pitti de Florencia, el Kunsthistorisches Museum de Viena, la Gallería degli Uffizi de Florencia, la Bibliotena Nacional de España, el Musée du Louvre de París, la National Gallery de Londres o este mismo Museo Thyssen-Bornemizsa Madrid.


Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Bibliografía: El renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura.  Del 20 de junio al 24 de septiembre 2017. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Oficina de Prensa.

viernes, 16 de junio de 2017

Maiko Maeda. Danza de Noh

Danza de Noh. 

Una vez más la Galería Orfila de Madrid, expone 24 obras recientes de la artista japonesa Maiko Maeda, todos los soportes son lienzo y en los pequeños formatos va pegado sobre cartón. Del mismo modo, también hay papeles incorporados a los formatos más grandes, aunque en las últimas obras tiene mayor protagonismo la superficie pintada en el lienzo. La obra más pequeña son papeles coloreados y pegados... collages, que llevan pigmento aplicado directamente. Es obra resuelta con sobria elegancia.
La última exposición la realizó en 2013, de la que este blog publicó un artículo: “Maiko Maeda ¡Por casualidad! en junio de ese año.

Maiko Maeda, vive en Kyoto, es ciudadana del mundo,  muy oriental en sus sentimientos, simplemente hay que pararse a ver su pintura, que es un canto a su cultura.

La vida misteriosa y profunda.

Todos los cuadros de Maeda poseen un título. Eso quiere decir que en ellos importa algo más que una mera presencia, importa una existencia, esa dimensión difícilmente reductible a métodos objetivos por la que las cosas afirman una entidad vital por sobre su inevitable envergadura formal.

Cuando realiza su obra –abstracta- la pintora renuncia casi sistemáticamente a individualizar y distinguir a cada uno de sus cuadros con la imposición de un nombre. La motivación inmediata no carece de coherencia: se le concede un nombre a aquello que tiene vida propia, pero carece de vida todo aquello que sólo quiere afirmarse por la única dimensión de su presencia. Acaso la formulación sea mucho más simple: ¿Por qué titular un cuadro en donde nadie está y nada pasa?

Es algo tan banal como parece ser la afirmación o negación de un titulo, pero creo que no es tan banal todo lo que sintomatiza. Tal vez por ese hilo se puede encontrar el ovillo de uno de lo equívocos fundamentales en que vive el arte contemporáneo. Se deja de titular  porque se piensa que nadie está y nada pasa en el arte que llamamos abstracto, sencillamente porque nada ni nadie aparece en él visiblemente.

Justamente en esa elocuencia de los matices se alcanza a ver la otra dimensión de la obra: la dimensión del equilibrio. Su registro cromático  es a veces imperceptible, pero decisivo. Ella es en definitiva la que le confiere a su obra ese peso gravitario contra el que lucha su vigorosa tentativa emocional.

Corazón místico.
Aproximación al Noh

Antonio Leyva, director de la Galería Orfila y miembro de la Asociación Española e Internacional de Críticos de Arte, escribe sobre su obra en el catálogo de la exposición, texto que nos acerca a esa respuesta sobre las abstracciones tituladas de Maiko Maeda.

[…] Al controlar la espontaneidad expansiva de la mancha en la superficie del cuadro. Maiko Maeda racionaliza sus anteriores abstracciones de elementos mágicos y referencias rituales.

La última secuencias del trabajo de Maiko Maeda que se presentan en esta exposición tienen como eje intelectual que la articula el teatro Noh en sus dos acepciones de Dengaku y de Sarugaku, teatro burlesco y popular en el que se funden el canto y la danza, las marionetas con los actores de carne y hueso e incluso el malabarismo y la acrobacia, la improvisación y los textos previamente elaborados, que llegara de China a Japón en el siglo VIII y que tuvo notable desarrollo a partir del siglo XIV en Kyoto, ciudad de las orillas del río Kamogawa custodiada por la altivez de la montaña Kurama en la que Maiko Maeda reside.

Como si fuera una Okina, breve pieza que se representaba y aún se representa en las fiestas del Año Nuevo para ahuyentar la desgracia y convocar la felicidad, los cuadro de Maiko Maeda, negros y rojos intensos de los que surgen exquisitos y más apaciguadores violetas, son una suerte de canto espiritual, una invocación a la armonía y al sosiego para que el bachi, el castigo con que la divinidad muestra su desaprobación por la torpeza con que se manifiesta el ser humano, sea benigno y tolerante […]

Elevación.

 Han pasado cuatro años y vuelvo a encontrar a una Maiko Maeda espléndida.

Antonio Leyva Sanjuan, Carmen de Gil, Maiko Maeda y Mariví Otero.

Exposición: Maiko Maeda. “Noh”. Galeria de Arte Orfila. C/ Orfila,3. Madrid. Del 12 de junio al 1 de julio de 2017. 

Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Fotografia: Cristóbal Gil / xto st

viernes, 9 de junio de 2017

Fernando Nuño, 1960-1975 / Fotógrafo



La Galería José de la Mano, dedica este año en el festival PHotoESPAÑA 2017, la exposición al fotógrafo Fernando Nuño (Madrid, 1938-Málaga, 1996).

Se muestra por primera vez cincuenta originales inéditos de época, en blanco y negro, positivados por el propio autor, realizados entre 1960-1975, momento en el que Nuño trabaja la fotografía a partir de encargos comerciales de una forma muy libre “El menester de reflejar la- realidad o irrealidad- del mundo con una cámara fotográfica”, declaraba Nuño “tiene mucho que ver con la poesía” (sí, algo tuvo que ver con ella). Artistas y escritores como José María Iglesias, Julián Martin de Vidales, Pedro García Ramos, Macua, Manuel Conde, Jesús González (fotógrafo), Manuel Alcántara, Gaspar Gómez de la Serna, entre otros, formaron parte de su vida artística y personal.


Fernando Nuño, autodidacta y de carácter excesivo se formo como fotógrafo en las calles, las redacciones, los caminos, los paisajes. Odiaba el laboratorio porque le producía claustrofobia, tanto como los trucos y los retoques de los que no quería ni hablar. Le gustaba ir a los bares y trabajar con la gente estaba convencido de que las revistas no conducían a nada, “o te deforman o acabas copiando lo que has visto”. Le chirriaba que llamaran a su fotografía “obra”. Le parecía excesivo, prefería considerarse simplemente un “fotógrafo” que hacía de todo y que creía hacerlo bien.


Fernando Nuño, serie estudiantes, Universidad Laboral de Gijón, 1968 - 1969.

Se lanzó al vacío como reportero gráfico con apenas quince años, para después convertirse en propietario, y responsable de la Agencia HENECÉ, S.A., el primer escalón de su trayectoria profesional. Pronto entrará, además, en colaboración con la empresa Macua & García-Ramos, de la que irá recibiendo el encargo de numerosos proyectos.


Comercial de Laminados 1971 - 1972 (3885-3887)
Bajo el nombre de HENECÉ forja una reputación sobresaliente en el mundo del periodismo gráfico nacional, Arriba, La Gaceta Ilustrada, Mundo Hispánico, ABC e internacional, París Match, Life, L’Europeo, Oggi, Kristal, Time, que le llevo a viajar por Europa, América o África así como por toda España, principalmente como fotógrafo oficial de cabecera de las Jornadas Literarias organizadas por Gaspar Gómez de la Serna, que será el principio de sus amistades con el mundo de la poesía. Con apenas veinte años se convierte, en director comercial y redactor gráfico de la Agencia Europa Press (1959-1962), en la que realizará algunos de sus reportajes con mayor repercusión internacional: el reportaje aéreo del Valle de los Caídos (1959), vendido a todo el mundo por Europa Press, que se convirtió en el principio del gran archivo de la agencia, las fotografías del primer eclipse de sol (1959), publicadas por el Alcázar y para cuya realización necesito movilizar un “Henkel” del Ministerio del Aire o, también, las fotos del terremoto de Agadir (1960), donde Nuño compartía protagonismo y páginas con la Agencia Keystone-Nemes.

 Compañía Telefónica Nacional de España, 1970 (3890)

Expotur, 1972 (3873)

Su fotografía va cambiar pronto casi al ritmo que su aspecto físico: del hombre afeitado y con todo el pelo hacia atrás pasará al bigote y el flequillo y, después, a la barba canosa y abundante cabellera. Esta nueva etapa le posiciona de ahora en adelante, además de cómo un destacado fotógrafo de artistas, como fotógrafo perteneciente al mundo del arte y la cultura que participa en bienales de prestigio como la de París (1967) o Sao Paulo (1975). En todo este tiempo Nuño se aparta voluntariamente del circuito fotográfico tradicional de las agrupaciones fotográficas, los salones, los concursos sociales, los premios o las especializadas. Sin embargo, colabora en dos hitos fotográficos de la fotografía española: por un lado, en la publicación del primer Anuario de la Fotografía en 1958, editado por AFAL, grupo de fotografía almeriense al que pertenece en aquellos momentos. Y, por otro, en la I Muestra de Fotografía Española organizada por la Galería Multitud de Madrid en 1976. Ambos casos resultan excepcionales en su trayectoria, porque en ningún otro momento de su carrera va a vincularse con algún hecho o acontecimiento propio del mundo fotográfico.


Sala dedicada a Manolo Millares. Inauguración del MEAC, 1975. Foto: Fernando Nuño.

En 1975 su empresa fotográfica  y su vida personal hacen aguas. Sin embargo, una vez más sorprenderá con la publicación de dos libros “Los últimos días de Franco vistos en TVE (1975)” y los “Primeros días del Rey vistos en TVE (1975)”. Pese a la improvisación que sobrevoló ambas publicaciones, Nuño logra convertir aquellas fotografías realizadas a partir de las imágenes emitidas en directo por TVE en un conjunto de metafotografías sumamente interesantes e intuitivas, que muestran el juego de engaños y confesiones que afectan: por un lado, a las imágenes en sí mismas y por otro, al sentido de la comunicación  en razón de su colección: “juntos a”, “después de”, “entre”, “con” o “acerca de”. Por ello traspasan el carácter meramente de fotolibro para convertirse en una especie de proposición formal, en un ejercicio práctico con el que investigar sobre la naturaleza de la fotografía y sobre el dilema de verosimilitud y la falsedad de la realidad visual en ella representada.

En 1978 Fernando Nuño toma la irrevocable decisión de descolgarse las cámaras del cuello, desaparece del panorama fotográfico profesional así como del circuito artístico expositivo.

Serie del mercurio, 1971.


La fotografía tiene una historia tan apasionante y variada  como los temas que millones  de  cámaras  han  captado  en película.  Desde  sus  humildes  principios, hace ya 200 años, la fotografía ha llegado a convertirse en una de las fuerzas creativas más influyentes de nuestro tiempo. 

Los hombres y mujeres que han llevado la fotografía al lugar que ahora ocupa han ido sumando sus aportaciones a una sólida serie de logros. Ahora disfrutan del  producto  de  su  esfuerzo  incluso  quienes  se  conforman  con  la más elemental de las cámaras.

Exposición galardonada con el premio OFF de PHOTOESPAÑA 2017.

Mariví Otero (eterna aprendiz de fotógrafa)
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Bibliografía: Fernando Nuño, 1960-1975. Abstracciones [re]veladas. Comisaria de la exposición: Mónica Carabias Álvaro. Galería José de la Mano. Madrid. Del 1 de junio al 28 de julio 2017.