jueves, 22 de mayo de 2014

Baltasar Lobo: Unidad de emoción y movimiento

Hace unos días he visitado la  Galería Leandro Navarro, ubicada en mi barrio de las Letras. Me recibe Luis Miguel el asistente de Iñigo Navarro, me comenta, ¡te va a gustar la exposición de Lobo!

Me asomo al primer espacio, sí,  la verdad espectacular, pienso, lo importante que es saber manejar el espacio, me recuerda mi etapa de galerista presencial.


Ya en la exposición, al caminar entre ellas, las esculturas, pienso  que toda escultura es casi siempre, incluso sin el permiso  del escultor, un proyecto estatuario. Un proyecto o un leve guiño insinuante, ya en el camino hacia la estatua. Pero, ¿qué es la estatua? La estatua ya es un monumento, es decir, algo que transcurre y se produce en el espacio –y que, por tanto, por ese transcurrir tiene su tiempo- pero que ha tenido a su tiempo en uno de sus instantes y se ha cristalizado así ya para siempre… Para siempre, es decir, contra el tiempo. Llamémosle provisionalmente “la eternidad”, para entendernos y solo para entendernos, a ese proyecto de un siempre en términos absolutos… que elaboran con frecuencia los escultores.

Taillandier escribe en la revista Connaissance des Arts:

Lobo quiere que sus esculturas expresen la alegría. La acumulación de detalles implica pesadez y tristeza. Por eso Lobo tiende a simplificar: En las cabezas suprime los ojos, la boca y las orejas.  (Tiene en común con Brancusi la busca de las formas esenciales, hasta el límite de bordear la abstracción) En el resto del cuerpo, los brazos pierden las manos; las piernas, los pies y acaban por parecer alas. Su Maternidad de Caracas, que representa una mujer tendida jugando con su hijo, al que sostiene en alto, sugiere, más que la idea de dos personajes, la de unos pájaros a punto de echar a volar.

        Baltasar Lobo. Mère et Enfant, La Ciotat sur socle. 1947. Bronce. 51, 5 x 39,

Su última obra, Estela, toma la apariencia de un ser mitológico, medio hombre, medio pájaro, iniciando un movimiento de vuelo. Pero esta impresión de movimiento es puramente imaginaria… En sus obras más antiguas, El ídolo, de 1945, adquirido por el Museo de Tokio, representa una mujer sentada. Pero uno imagina que se va a levantar.

Taillandier, también habla de estatuas.

Y aunque las estatuas de Lobo sugieran al espíritu ideas de movimiento, producen en los sentidos una impresión de estabilidad. Esta impresión la de el equilibrio de las formas y la elección de los ejes: sus estatuas, o bien se yerguen siguiendo una línea vertical, o bien se apoyan netamente en una línea horizontal; a veces, la verticalidad y la horizontalidad se combinan, como en algunos personajes medio acostados en los que el busto y las piernas forman ángulo recto.

Las esculturas son intermediarias entre el hombre y la pared. La pared es inmóvil e inspira un sentimiento de seguridad. El hombre es un organismo vivo y siempre en movimiento. Las esculturas de Lobo, que dan a la vez impresiones de estabilidad y de movilidad, pueden  por ello, ser intermediarias. Precisamente pensando en él decía Henri Laurens (1885-1954): “Los escultores de las nuevas generaciones van a aprovechar nuestras experiencias y a integrarlas en lo monumental”.

Aunque tenga cualidades de arte monumental, no todas sus estatuas son de gran tamaño. Suele hacer algunas que sólo tienen centímetros de altura. Si le gustan, las hace en bronce “Cuando las veo en bronce –dice-, me dan ganas de trabajar”. Y vuelve a empezarlas en tamaño mayor. Pero la forma cambia, “porque la forma –afirma- depende de las dimensiones”… 

 Baltasar Lobo. Au Soleil. 1982. Marmol blanco de Carrara. 19 x 19 x 9 cm

Así, es como presenta Mercedes Guillén a Baltasar Lobo (compañera) en el magnífico libro Conversaciones con los artistas españoles de la escuela de París, Taurus Ediciones. Madrid 1960. Del tengo un ejemplar.

El escultor Baltasar Lobo nació en Zamora el año 1911. Muy joven, entró a trabajar en el taller de imaginería castellana de Valladolid. A los diecisiete años es becario en la Escuela de San Fernando, de Madrid. Renuncia a la Beca y trabaja libremente.

En 1939 llega a París y frecuenta a Picasso y a Laurens, con el que colabora durante mucho tiempo. Expone en París, Bruselas, Praga, Oslo, Estocolmo, etc. En 1957 presenta su primera exposición personal en París. Es Autor del monumento levantado en Annecy (Saboya) a los españoles que lucharon en la Resistencia y de una  gran “Maternidad” que le fue encargada para la Ciudad Universitaria de Caracas. Hay obras suyas en museos de Francia, Tokio, Estocolmo […]

Repos c 1967-1968. Mármol blanco de Carrara. Pieza única. 
11'5 cm x 24'2 cm. Firmado: B. Lobo.

Mi admiración por Mercedes Comaposada Guillén (Barcelona 1901 – París 1994), mas tarde firma sus escritos como Mercedes Guillén. Pedagoga anarquista, tras la derrota en la guerra civil, se refugia en París con su compañero, bajo la protección de Picasso. Trabaja como secretaria, luego efectúa trabajos de traducción y se consagra a la obra artística de su compañero, el escultor Baltasar Lobo.

En Zamora se ha creado el Museo Baltasar Lobo, situado en La Casa de los Gigantes. Maravillosamente montado, con obras y documentación de Baltasar Lobo y Mercedes Guillén.
Esta es la cuarta vez que la galería expone a este gran escultor Baltasar Lobo, nacido en Cerecinos de Campos, Zamora, 1910 – París 1993.

He de decir que no tengo claro, el año en que nació, ya que Mercedes Guillen data en 1911.

La muestra la componen un conjunto de 14 obras realizadas entre los años 1943 y 1991. Entre las cuales dos esculturas –pieza únicas- realizadas en mármol de carrara representando mujeres tomando el sol, sus maternidades, centauros y una cabeza de toro realizados en bronce así como una original mano que sostiene un torso. No podía faltar la imagen de esas mujeres soñando, las que nos miran en actitud de reposo  y un Homage a sus raíces.

Baltasar Lobo: Unidad de emoción y movimiento.

Galería Leandro Navarro, Madrid. 

Mariví Otero

miércoles, 7 de mayo de 2014

Las Furias: Alegoría política y desafío artístico

De Tiziano a Ribera

Exposición temporal en el Museo del Prado a punto de clausurarse. Acudo a visitarla acompañada de un amigo, cuando entramos en la sala nos miramos y ambos comentamos ¡nos íbamos a perder semejante espectáculo! 


Las furias ofrecen múltiples lecturas. En primer lugar, son un instrumento idóneo para profundizar en la recepción de la Antigüedad  en el Renacimiento y en el Barroco, así como en el intercambio de artistas, obras e ideas entre distintas partes de Europa. De hecho, probablemente sea el único asunto mitológico  en cuya concepción y desarrollo se dio un excepcional y fascinante equilibrio entre las aportaciones de artistas y patronos de ambos lados de los Alpes. Las Furias plantean además dos nociones teóricas de gran relevancia; de un lado, la sucesión de obras obviamente relacionadas unas con otras invitan a pensar sobre los conceptos de imitación, emulación y originalidad; del otro, se impone reflexionar sobre por qué ciertas formas adquieren un significado que se transmite de generación en generación. La vigencia de estas pathosformeln viene simbolizada en la exposición por el Laocoonte, en su doble condición de exemplum artis y exemplum doloris tras su exhumación en Roma en 1506.

En España se conocieron como Furias cuatro moradores del Hades Greco-latino, al que habían sido condenados por haber desafiado a los dioses: Ticio, cuyo hígado devoraba un buitre por intentar violar a una amante de Zeus; Tántalo, castigado a procurarse en vano alimento por servir a su hijo de festin a los dioses; Sísifo, condenado a portar una enorme piedra por haber delatado las infidelidades de Zeus, e Ixión, castigado a dar vueltas sin fin en una rueda por querer  seducir a Hera.

Pese a su origen  clásico, Las Furias irrumpen como conjunto en la historia del arte en 1548, cuando María de Hungría solicito a Tiziano para su palacio de Brinche cuatro lienzos con estos personajes, identificados con los príncipes alemanes que se habían alzado contra su hermano el emperador Carlos V y a quienes éste había  derrotado un año antes en Mühlberg, (éste es el comienzo de la exposición y de la narrativa plástica de los encargos a los grandes artistas).

Fragmento Tiziano. (Sísifo 1548-1549)  Museo N. del Prado.

Las Furias disfrutaron de notable fortuna en los 120 años posteriores, durante los cuales asumieron  otros significados además del político inicial.

Desde finales del siglo XVI se consideró un asunto idóneo para ilustrar la dificultad máxima en el arte (eran enormes figuras desnudas en complicados escorzos) y representar el dolor  extremo. Esto último explica la popularidad de Las Furias en el Barroco, cuando se convirtieron en vehículo privilegiado para visualizar la estética del horror que se extendía entonces por Europa.

Estas y otras cuestiones son tratadas a través de 28 obras en distintos soportes firmadas por algunos de los grandes artistas de los siglos XVI y XVII, distribuidas en cinco secciones.
La primera trata sobre Miguel Ángel, autor de un Ticio que constituye el único precedente iconográfico  del conjunto encargado por María de Hungría a Tiziano, a quienes está dedicada la segunda sección.

La tercera se concentra en Haarlem y Amberes en el quicio de los siglos XVI y XVII, fue allí donde Las Furias tuvieron una recepción más temprana.

La cuarta  sección ilustra el “retorno” de Las Furias a Italia, el papel desempeñado por flamencos y holandeses, la importancia de Nápoles como “capital” barroca de Las Furias y de Ribera como máximo representante.

La quinta y última sección visualizada cómo el tema se diseminó por Italia, hasta finalizar en Venecia con Langetti y los –tenebrosi- , cerrando así un imaginario círculo iniciado más de un siglo atrás por Tiziano.

Ribera. (Ticio, 1632) Museo N. del Prado

El Museo Nacional del Prado, una vez más organiza una gran exposición temporal, espero que la haya disfrutado mucha gente sobre todo los jóvenes historiadores.

Mariví Otero

Bibliografía: Las Furias. Catálogo de mano y documentación en la propia exposición. Museo Nacional del Prado. Madrid. Del 21 de Enero al 4 de Mayo 2014.