lunes, 1 de abril de 2013

Orientalismo en Europa: Pintores Orientalistas S. XIX y XX



Guillaumet. Oasis.

En la historia del exotismo, el Orientalismo no es más que un capítulo, donde interesa delimitar la materia en el tiempo y en el espacio […]

Podríamos distinguir cuatro razones profundas del gusto por esta pintura. En principio, el sentido romántico de lo pintoresco, el colorido local, después de terminar el Neoclasicismo; el patriotismo exaltado por las guerras napoleónicas que lanzaba a Inglaterra e incluso a la joven  Italia hacia conquistas coloniales; una sensualidad que parecía que iba a ser asimilada más fácilmente, de una manera más variada, en Oriente que en Europa, donde la moralidad victoriana se extendía  más allá de Inglaterra; y por último, un gusto por lo misterioso que no satisfacía ya al catolicismo y menos todavía al protestantismo.

El Orientalismo se desarrolla menos en los países germánicos, ya que  el Romanticismo se manifiesta en la representación de una mitología nacional. En un menor grado, podríamos decir lo mismo de los ingleses, donde los pintores fueron tan a menudo inspirados por las “leyendas arturianas”.

En el reino de Carlos X se hicieron reconocer como género igual que los pintores de marinas y los paisajistas. Entre 1840 y 1880 los más famosos pintores pudieron en un momento de su carrera llamarse orientalistas. Citemos en Francia a Delacroix o Ingres; en Austria, Makart; en Rusia, Brulow; en Inglaterra, Holman Hunt y en España, Fortuny. A partir de 1880 el empuje  de una cultura moderna contra el academicismo, los impresionistas y después los simbolistas, apagaron el prestigio de los orientalistas. El Orientalismo declinó cuando la facilidad de los transportes multiplicó los enlaces entre Europa y Asia.
Fortuny

El declive empezó treinta años después, por lo tanto los límites más o menos exactos serían los del siglo XIX. Igualmente hace falta fijar los límites geográficos del Orientalismo, la mayoría de los artistas no pasaron del Próximo Oriente mediterráneo y su inspiración fue sobre todo islámica, era muy difícil viajar a Persia y Arabia era inalcanzable. Ningún país aportó tanto como Egipto, después fueron Turquía, Siria, Líbano y Tierra Santa. Con Argelia los franceses tuvieron un Oriente primero heroico y después sensual. Delacroix descubrió  Marruecos y excelentes pintores le siguieron vía España, como es el caso de Étienne Dinet, Gustave Guillaumet…


Alrededor de 1900 el Oriente islámico parecía que no tenía nada que ofrecer a los artistas, éstos hubieran debido ir muy lejos tras las huellas de Gauguin, para encontrar colores nuevos y una belleza más allá  de lo pintoresco. En veinte años el exotismo sustituyó  al Orientalismo, los cubistas descubrirían el Arte Negro, y si la pintura no hubiera tendido hacia un rechazo del Formalismo, Méjico y Sudán deberían haber atraído a los artistas. Matisse, a su paso por la casa de Gustave Moreau, aprendió a recoger del Oriente un gusto por lo arabesco, pasó numerosas temporadas en Marruecos a partir de 1911, de donde trajo lienzos dignos de sus modelos, como es la obra titulada “Las mujeres de Argelia”.

Matisse. Marroquí de verde. 1913. Rifeño de a pie. Oleo sobre Tela. Museo Del Ermitage, Leningrado.

En 1914, Paul Klee pasó varios meses en Túnez aprendiendo la sensibilidad inspirada en el desierto, encontramos siempre en sus  ciudades imaginarias los cubos apilados de la kasba, en los grafismos de la fantasía la caligrafía de la escritura árabe y en sus formas fantasmagóricas las mujeres con velo.

Buscando una actitud semejante hacia el Oriente islámico en la estética contemporánea la encontraríamos no ya en la pintura sino más bien en el cine. Así Pasolini, en “Las Mil y una Noche”, ha animado maravillosamente todos los temas queridos de nuestros pintores –violencia, sensualidad, magia- en los mismos lugares donde ellos colocaban sus caballetes hace más de un siglo. Hay que pensar también en el admirable “Elephant Boy” con Sabu o “Tombeau Hindou” de Joe May, película  alemana de los años veinte, “remake” de Fritz Lang. Y en el género orientalista ligero a lo Monticceli, citaré “Le Voleur de Bagdad”, con Douglas Fairbanks en 1925…


Los lienzos orientalistas tienen el mérito de conservar el recuerdo de un mundo que se desmorona rápidamente desde que tuvo contacto con el progreso.

Mariví Otero

Bibliografía: Philippe, J. “Les Orientalistes. Fribourg. 1977.
Brahime,D. y Benchikou, K. “La vie et l’ ouvre de Etienne Dinet”. Catalogue raisonneé. 1984, ACR Édition Internationale. Courbevoie .París.
Otero, M.V. Comisaria. “Pintores Orientalistas S.XIX y XX. Galería de Arte del Louvre, Centro de Arte y Antiguedades, Serrano cinco. Oct., Nov., Dic. 1987. Madrid. España.
Otero, M.V. Art. “Orientalismo en Europa” Revista Calamo nº 15, Oct., Nov., Dic. 1987. Instituto Hispano-Árabe. Madrid. España.

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