viernes, 28 de julio de 2017

LEE LOZANO, Desafiante y original.

La artista Lee Lozano en su estudio.

El Museo Reina Sofía presenta la primera retrospectiva en España dedicada  a la artista norteamericana Lee Lozano (New Jersey, 1930 – Dallas, 1999) bajo el título Forzar la máquina, la muestra exhibe una selección de alrededor de 150 obras entre pintura y dibujos de diferentes series que van desde 1960 hasta 1972, así como cuadernos y gráficos que la artista utilizaba para sus trabajos, muy interesante hacer una lectura de ellos para comprender su desafiante y original obra.

La exposición rastrea la trayectoria de Lozano, que en los años 60 cuestionó todas y cada una de las  estructuras impuestas  socialmente, zarandeando los presupuestos ideológicos y formales del arte, hasta consumar su retirada definitiva en 1972. En tan solo doce años produjo una obra profundamente provocadora, impregnada del espíritu reivindicativo, libre y desenfadado que acompaño la eclosión de los movimientos de los civiles y antibélicos de la época. Sus pinturas y dibujos representaban cuerpos abyectos y fragmentados, sencillas herramientas de trabajo transformadas en órganos sexuales, objetos industriales sobredimensionados, formas que seguían las reglas de progresión matemática y piezas lingüísticas que adoptaban ideas del arte minimalista y conceptual, pero que en muchos sentidos también las subvertían. Hay mucho sentido del humor en su obra, da la sensación que se reía de ella misma y de lo que estaba haciendo.
Tras estudiar filosofía y ciencia en la Universidad de Chicago (1948-1951), la artista compaginó su interés por el psicoanálisis con su formación en arte, graduándose en el Art Institute de Chicago en 1960. E, 1961 se instaló en Nueva york y se puso en contacto con Richard Bellamy, que acababa de fundar la Green Gallery, el espacio artístico que impulsaría la carrera de artistas como Robert Morris, Donald Judd y Claes Oldenburg. Allí se sumergió rápidamente en la escena artística de Manhattan y, tras participar en algunas muestras colectivas, inauguró su primera exposición individual en la Bianchini Gallery en 1966.

En las primeras obras de Lee Lozano se aprecia la influencia del lado más salvaje del “Monster Roster Group”, un colectivo de artistas que trabajan en Chicago (Leon Monster, Nanc Spero, Westermann, Oldenburg) y crearon una obra marcada por el lenguaje de la guerra y de la agresividad animal, un vocabulario característico de la posguerra, revestido a menudo de un estilo figurativo de carácter sexual. Lozano comenzó creando pinturas en las que mezclaba  la frenética pincelada de los expresionistas abstractos con una evocadora imaginería basada en la viñeta y en el sexo, cargada de humor sarcástico y agresividad. Muy en sintonía con las conquistas de la vanguardia Pop, la artista se nutre de su entorno más próximo, poblando sus dibujos de motivos inconexos procedentes de su estudio. Son imágenes repletas de partes del cuerpo aisladas: bocas con amplias sonrisas, dientes, penes erectos y pechos, agrupadas de diferentes maneras, y en espacios en los que se retuercen creando una sensación de claustrofobia.

A partir de 1962, para Lozano una obra se conforma de materia o energía. La obra que es materia consiste en “una precipitación, un sedimento, las cenizas de una idea, siempre imperfecta y tarde o temprano desechable”. La irreverencia y la provocación deliberadas le sirve para revisar todas y cada una de las instituciones que pautan la conducta social: el matrimonio, la familia monógama, la academia, la religión, el negocio del sexo, las convenciones de belleza y la moral prevaleciente. De esta época es la Subway Series (1962). Particularmente interesante es el dibujo de una máquina de escribir –sin título, 1962- cuyo teclado resume la poética de Lozano a través de expresivos monosílabos y emoticonos.

El año 1964 marca un punto de inflexión en su producción, tanto en términos de formato e imaginería como el color, que cambia hacia una paleta más austera. En un medio dominantemente masculino como la pintura, los motivos que centran ahora la atención de Lozano (puntas de destornillador, tuercas, grapadoras, martillos etc.) apuntan a un viraje en la estrategia  de la artista y en su adopción de ciertos códigos. Es indudable que Lozano conocía bien la dificultad de hacerse un hueco en un entorno hostil. Estos objetos de contornos definidos y ambiguos aún retienen una cierta referencia sexual, pero la frialdad de lo mecánico anuncia un giro hacia la abstracción y el minimalismo. Teniendo en cuenta los lazos de amistad que le unían en ese momento a un artista tan activo como Carl Andre, no es de extrañar que las pinturas de Lozano de 1964 recogieran algo del minimalismo de este artista.

A mediados de los años 60, la obra de Lozano se vuelve más abstracta y minimalista. Figuras geométricas atraviesan lienzos y paneles de margen a margen. La artista utilizaba los colores para provocar emociones, y reflexionaba sobre la idea de las “pinturas de energía” en obras como Big Circle, cuyos segmentos circulares crean efectos ópticos. Su trabajo se centra ahora en la especialidad, en un intento por plasmar la cuarta dimensión en esas obras que llevaron a la artista a la conceptualización de su práctica pictórica entre 1969 y 1970. Sus pinturas y estudios perforados se basan en cálculos matemáticos, son un buen ejemplo de su método de trabajo riguroso y preciso.

En 1967 empezó sus primeros estudios para Wave Series (Serie de ondas, 1969), un conjunto de once espléndidas pinturas que completó en 1969. Cada una de las once obras que integran la serie se terminó en una sola sesión, y representa una onda electromagnética compuesta por numerosos riachuelos diminutos de pintura aplicada minuciosamente por peines de acero y cepillos de alambre duro. El momento más álgido de su carrera fue la presentación de esta  serie en el Whitney Museum of American Art en 1970, todo un logro para una mujer artista en esa fecha y en ese lugar. Había decidido exponer las Wave Series primero en Nueva York y perseveró hasta reafirmarse en un medio especialmente competitivo. Estas pinturas conjugaron ciencia, arte y existencia en una investigación fundamentada en cálculos y formulaciones que giró en torno al fenómeno  de las ondas electromagnéticas.


Lee Lozano. Forzar la máquina: ha sido comisariada por Manuel Borja-Villel y Teresa Velázquez.

Vista de sala de la exposición LEE LOZANO. Forzar la máquina. Óleo sobre lienzo.1967-70 

Va a ser una de las exposiciones del año en el Museo Reina Sofía, Lee Lozano una gran artista, desafiante y original.

Mariví Otero.
Asistente: Manuel Otero Rodríguez.

Fuentes: Lee Lozano. Forzar la máquina. Del 30 de mayo al 25 de septiembre 2017. Museo Reina Sofía. Madrid. Gabinete de Prensa. Museo Reina Sofía.

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