viernes, 13 de mayo de 2016

Wifredo Lam: A la fin de la nuit.


Al final de la noche es una obra del año 1969 de Wifredo Lam (Segua La Grande, Cuba 1902- París 1982) que por primera vez he visto  en la exposición antológica “Homenaje a Wifredo Lam” 1902-1982. Organizada por el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid en 1982.  Y vuelvo a encontrar, en la espléndida retrospectiva actual que presenta El Reina Sofía a través de un recorrido de cerca de doscientas cincuenta obras entre pinturas, dibujos, grabados y cerámicas, enriquecido además con documentos y fotografías. Pretende resituar su obra dentro de una historia del arte internacional de la que Lam es el actor esencial, y aunque traza la trayectoria pictórica del artista, también se extiende sobre su obra gráfica –en particular sus series de grabados de los años sesenta y setenta- sus colaboraciones con los más destacados escritores, pensadores y artistas de su tiempo, así como su particular exploración en el campo de la cerámica. Esta muestra hace hincapié en las progresivas etapas de un trabajo construido en España, París-Marsella y Cuba.


A finales de 1923, Wifredo Lam llega a Madrid, tiene veintiún años. Deja una infancia abierta al sueño, unos estudios en la Academia de la Habana, algunos cuadros tradicionales, no desprovistos de talento. El equipaje era, pues, liviano, a no ser por el hecho de que aquel recién llegado venía animado por la voluntad de ser un pintor y habitado por un mundo particular, que todavía buscaba su expresión mediante imágenes.

La primera experiencia de Wifredo Lam en Madrid es, a su modo, significativa, quienes pretendían  ayudarle con su consejo descubrían en él una realidad irreductible. Inversamente, tales enseñanzas no podían satisfacer a Lam. No se trataba tanto de un conflicto generacional como de una diferencia de mundos. Lam estudió con Álvarez de Sotomayor, la relación entre profesor y alumno dejaron bastante que desear. Álvarez de Sotomayor juzgaba detestable las pinturas de Lam. “Artísticamente, era un reaccionario” decía Lam. Yo estaba seguro de que dibuja mejor que él, de que era más preciso en los contornos”.

A veces Lam salía de la capital para viajar por provincias. En el campo, comprobó que la condición de los campesinos  españoles apenas era mejor que la de los braceros cubanos. También en España había desheredados. Lam se sentía de su parte. La muchacha a quien entonces conoció era originaria de una de las regiones más pobres del país en aquel momento Extremadura. Aquella joven se llamaba Eva Piriz, en 1929 se casan, al año siguiente nació un hijo a quien llamaron Wifredo, como su padre. En 1931 murió Eva y pocos  días más tarde el niño victimas ambos de la tuberculosis. Se compromete a favor  de las fuerzas republicanas y asiste a la derrota del régimen republicano. En 1937 debe de ser hospitalizado en Caldes de Montbui. Los médicos le creen víctima de una enfermedad de origen hepático. Durante su convalecencia, pinta los decorados para una representación teatral. Uno de sus compañeros lo ve, los aprueba, descubre su talento. Es el escultor Manuel Hugué, que alcanzará la fama con el nombre de Manolo. Lam le confía su deseo de trasladarse a París. “Pues si te vas a París –le respondió Manolo- te daré una carta de presentación para un amigo mío. Se llama Pablo Picasso”.

Sus obras españolas constituyen un potente testimonio de esos años de aprendizaje, precariedad y de lucha que concluye en 1938 cuando parte a París.


De 1938 a 1941, se instala entre París y Marsella, visita a Picasso en su taller. Para el pintor malagueño fue una especie de flechazo. Exclamó entusiasmado: “Aunque no hubieras venido con una carta de Manolo, me hubiera fijado en ti  viéndote por la calle y habría pensado: tengo que hacerme amigo de este muchacho”. El atractivo de Lam es patente, hijo de padre chino de Cantón, radicado en Cuba, se llamaba Lam Yam, había cumplido ya 84 años  cuando nació este octavo y último  hijo y ejercía en Cuba la función de memorialista. El origen de la madre de Lam era doble, africano y europeo.

Picasso presentó a Wifredo a sus amigos, conoció a pintores como Fernand Léger, Henri Matisse, Georges Braque y Joan Miró; a críticos de arte teóricos  de estética como Daniel-Henri Kahnwailer, Yvonne y Christian Zervos a poetas como Michel Leiris, Paul Eluard, Tristan Tzara y otros más. Algunos de ellos habían sido creadores defensores y testigos de los movimientos más importantes que se habían sucedido desde principios de siglo, fauvismo, el cubismo, la abstracción, Dada. Faltaba el surrealismo ortodoxo: Picasso introdujo a Lam en el círculo de André Breton y Benjamin Péret. La entrada de las tropas alemanas en París y el éxodo del grupo de Marsella favorecen los vínculos de amistad entre ellos y la reanudación de las actividades colectivas (cadáveres exquisitos, creación de los naipes de Juego de Marsella). Lam participa en esas sesiones y realiza numerosos dibujos a tinta china en cuadernos que se desmembraron posteriormente. Estos dibujos toman prestados al mundo humano, animal y vegetal diversos elementos recompuestos en figuras híbridas que anuncian las obras del regreso a Cuba.


De 1941 a 1952, después de haber pasado dos exilios y dieciocho años en Europa, Lam desembarca en la Martinica al lado de André Breton  y otros compañeros de viaje. Allí encuentra a Aimé Césaire, poeta de la negritud con el que comparte el mismo rechazo de las relaciones de dominación racial y cultural que se ha forjado mediante sus lecturas marxistas y su compromiso con el siglo. Queda impresionado por la corrupción, el racismo y la miseria que causan estragos en isla. Lam produce entonces una obra poblada de figuras simétricas que unen lo vegetal, lo animal y lo humano reproduciendo la energía y los mundos espirituales propios de las culturas caribeñas. En esa búsqueda de “cubanidad” tiene por guías los astrólogos  Lydia Cabrera y Fernando Otiz, así como al escritor Alejo Carpentier, quienes exploran las tradiciones, la estética y las complejas historias de la cultura afro-cubana.


WIFREDO LAM
Le Sombre Malembo, dieu du Carrefour (el sombrío Malembo, dios de la encrucijada), 1943
Óleo sobre lienzo 
153 x 126,4 cm
The Rudman Trust

De 1952 a 1967, durante este periodo los números viajes alejan con frecuencia a Wifredo Lam del taller. Las formas son simplificadas y las obras se construyen a partir de ritmos internos. En 1952 pone fin a la estancia en Cuba y se instala en París. Las exposiciones internacionales se multiplican, sobre todo al lado de los artistas CoBrA que le ha presentado su amigo Asger Jorn. La espontaneidad, la dimensión colectiva así como el interés del grupo por el arte popular, lo llevan a confrontarse a nuevos materiales, como terracota.

Para la serie Malezas, de 1958, hace suyo el dinamismo de la abstracción gestual americana. Ilustra números textos de amigos poetas y escritores como René Char y Gherasim Luca.


De 1962 a 1982, invitado por Asger Jorn, Lam descubre la luz italiana de Albissola en 1954, y en 1962 se instala en ese importante centro de céramica donde residirá regularmente has el fin de su vida. Enriquece su colección de artes  extra-occidentales, expuesta en su taller y reveladora de la pluralidad de sus fuentes de inspiración. Seducido por la liberación espontánea que procura el trabajo de la terracota y por la intervención  del azar el proceso de creación “según la duración, o la intensidad de cocción, las reacciones de colores, sus mutaciones”, produce cerca de trescientas cerámicas durante el año 1975, cuyos símbolos remiten a sus pintura y dibujos.

Esos años están también marcados por nuevos viajes (Egipto, India, Tailandia, México) y un reconocimiento institucional creciente, así como por la concepción de su obra autobiográfica: El nuevo mundo de  Lam, verdadera cartografía de sus afinidades poéticas  y geopolíticas. Trabajador infatigable, Lam fallece en 1982 tras haber acabado en su casa los grabados para su último libro de artista La hierba bajo el sol pavimento, sobre un texto de Jean-Dominique Rey.


Esta muestra viene a Madrid después de un gran éxito en el Centro Pompidou de París, se pueden ver obras tan destacadas  como Les Noces (La Boda, 1947) procedente de la Neuenationalgalerie de Berlin;  la Rumeur de la terre, (El rumor de la tierra, 1950) que llagó desde el Guggenheim de Nueva York o Les Abaloches dansent pour Dhambala, dieu de l’ unite, (Los abalochas bailan para Dhambala, dios de la unidad, 1970) prestado por una colección particular.

La exposición en Madrid está comisariada con Catherine David (Centro Ponpidou / Musée National d’art Moderne) y Manuel Borja-Villel (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía). (Del 5 abril- 15 agosto 2016)

Tate Modem, Londres (14 septiembre 2016- 8 enero 2017).

 Wifredo Lam, uno de los artistas grandes del siglo XX. Recomiendo no perdérsela.

Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Fuente: Wifredo Lam. Gabinete de prensa. Museo Reina Sofía. Madrid.
Max-Pol Fouchet. Prólogo de Pierre Gaudibert: Wilfredo Lam. Ediciones Polígrafa, S.A.1989. Barcelona.

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