viernes, 31 de marzo de 2017

Retorno a la belleza. Obras maestras del arte italiano de entreguerras.

Pompeo Borra
Riposo [Descanso], 1933
Óleo sobre lienzo, 105,5 × 126 cm
Mart, Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, Colección VAF-Stiftung
MART 8769, VAF 2111

La Fundación MAPFRE, presenta esta exposición, con la que han querido completar un ciclo sobre un período de la historia del arte italiano que inició en 2013 con Macchiaioli. Realismo impresionista en Italia y que tuvo su continuación el pasado año en la muestra Del divisionismo al futurismo. El arte italiano hacia la modernidad. En esta ocasión han avanzado en el tiempo y se han centrado en aquellos artistas italianos que, en las primeras  décadas del siglo XX volvieron su mirada a la tradición clásica como modelo para reconquistar un lugar y un tiempo dominados por los valores de la belleza y la armonía.

Aunque los futuristas hayan proclamado ¡Queremos los museos!, el retorno a la tradición fue expresado por el antiguo futurista Carrá, incluso antes de su encuentro con De Chirico, en Ferrara, en 1917, y la constitución el grupo Metafísico. Ya en 1915, Carrá  se aplicaba a las grandes obras del pasado y publicaba en La Voce en 1916, “Conversazione con Giotto e Paolo Uccello”. Esta tendencia concreta en torno a 1920; va acompañada de una polémica antifuturista, de la crítica del impresionismo, y presenta por otra parte la defensa del volumen plástico y de la claridad de composición  paralelamente a las posiciones tomadas por Severini en París.

Gino Severini
La leçon de musique [La lección de música], 1928-1929
Óleo sobre lienzo, 160,5 × 71,5 cm
Mart, Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto. Colección VAF-Stiftung. INV. MART 6343, VAF 2065
© Gino Severini, VEGAP, Madrid, 2017

Pero sobre todo Felice Casaroti (1886-1963) daba el ejemplo. Había conocido la obra de Klimt y de Kandinsky, de la que había conservado algo con que alimentar su afán instintivo de ritmo y de organización armoniosa de las estructuras. También el busco una pintura cuya apariencia figurativa pudiera apoyarse en la existencia de estructuras maduramente reflexionadas y organizadas con lentitud.

Una voluntad de rigor aparece en toda la joven  escuela italiana en busca de un orden que quiere volver a encontrar dentro del pasado valores esenciales típicos de la vida italiana del tiempo de los constructores, de Giotto a Piero della Francesca. También los compañeros de De Chirico sacaron de la aventura metafísica una gravedad nueva, trátese de Cerrachini, de Casaroti o de Tozzi, cuyo arte salió de la tendencia metafísica de De Chirico.

Felice Casorati
Concerto [Concierto], 1924
Temple sobre tablero de contrachapado, 152 × 151 cm
RAI. Direzione Generale, Turín. INV. 00160033
© Felice Casorati, VEGAP, Madrid, 2017

Su posición es presentada por la revista “Valori plastici” (publicada desde noviembre de 1918 hasta octubre de 1922), comprendiendo a todos los pintores metafísicos, así como al antiguo futurista Soffici (1879-1964). Savinio acusa a los futuristas de estar cegados por sus sensaciones mientras la pintura debería ser esencialmente fruto de la inteligencia (citado por Conrado Maltese en “Storia dell’arte in Italia 1785-1943”, Turín, 1960). La revista informa igualmente a sus lectores sobre los grandes movimientos (en 1919, número sobre el cubismo, artículos sobre Kandinsky y sobre los holandeses de De Stijl), aun haciendo destacar la pintura italiana. Margherita Sarafatti fue quien presentó al grupo de los “Siete” (en 1922 había  expuesto en la galería Pesaro de Milán) en la Biennale de 1924 bajo la etiqueta de Pintores del Novecento cuyos fines se definían así: “Proclamarse italianos, tradicionalistas, modernos”.

La gran consagración del movimiento tuvo lugar en Milán, en febrero de 1926, cuando Mussolini en persona inauguró la “Primera Esposizione del Novecento italiano” con un discurso a los artistas en el que insistió acerca de la importancia de los nuevos sindicatos corporativos destinados a integrar a los artistas en el esfuerzo nacional. En la segunda exposición del Novecento, en 1929, se habían añadido Borra, Massimo Campigli, Carrá, Arturo Tosi y Ottone Rosai.

Massimo Campigli
Donne con la chitarra [Mujeres con guitarras], 1927
Óleo sobre lienzo, 93,4 × 72,2 cm
Pinacoteca di Brera, Milán. INV. Reg. Cron. 6934
© Massimo Campigli, VEGAP, Madrid, 2017

Según Margharite Sarfatti, el Novecento se oponía al arte del Norte en el que predominan el espíritu de análisis, la línea de contorno y el color. En los países del Mediterráneo se imponen, por el contrario, el espíritu  de síntesis, el claroscuro, la composición tonal (“la pintura en claroscuro y tonal es por excelencia la pintura mediterránea”). La doctrina de Novecento es suficientemente vaga para acomodarse a artistas de estilos muy diferentes y en general deseosos de aplicarse a las grandes superficies murales, de acuerdo con los programas del régimen […]

El recorrido de la exposición se articula en siete secciones que analizan el origen del retour à l’ordre en Italia. Una llamada al orden que parte de la metafísica, expresada a través de la revista Valori Plastici, el grupo Novecento y el realismo mágico. Tendencia, esta última, que responde más a un cierto espíritu de época, común a algunos artistas como Felice Casorati, Cagnacio de San Pietro que a un grupo entendido como tal.

Reúne 28 artistas y más de un centenar de obras representativas tanto de los autores clave de la pintura metafísica –Giorgio de Chirico y su hermano, Alberto Savinio, Carlo Carrà, Filippo de Pisis o Giorgio Morandi-, como de los artistas del grupo Novecento –Mario Sironi, Leonardo Dudreville, Achille Funi, Anselmo Bucci, Ubaldo Oppi, Piero Manussig o Gian Emilio Malerba- y de aquellos que no dudaron en caminar hacia lo que conocemos como realismo mágico –entre los que destacan Felice Casorati, Antonio Donghi, Ubaldo Oppi y Cagnaccio di San Pietro-, cuyos frutos se unen en parte a la nueva objetividad alemana. Junto a sus obras se presentan las de otros artistas –como Pompeo Borra, Massimo Campigli, Gilberto Ceracchini o Marino Marini- que, si bien no se adscriben a ninguno de estos movimientos en concreto, se mueven en el ámbito de la misma poética.

Giorgio de Chirico
Piazza d’Italia (Souvenir d’Italie) [Plaza de Italia (Recuerdo de Italia)], 1924-1925
Óleo sobre lienzo, 60 × 73 cm
Mart, Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto. Colección L. F. inv. MART 2173
© Giorgio de Chirico, VEGAP, Madrid, 2017

Comienza con Metafísica del tiempo y del espacio, se recogen obras del padre de la pintura metafísica  y defensor de un arte evocador de la gran tradición clásica y renacentista Giorgio de Chirico y Carlo Carrà, plantea su interpretación metafísica del tema del bodegón en una composición de objetos cotidianos aparentemente incongruentes como “Composizione TA” (Natura morta metafísica) 1916-1918.

Carlo Carrà
Composizione TA (Natura morta metafisica) [Composición TA (Bodegón metafísico)], 1916-1918
Óleo sobre lienzo, 70 × 54 cm
Mart, Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto. Colección VAF-Stiftung. INV. MART 970, VAF 0718
© Carlo Carrà, VEGAP, Madrid, 2017

Evocación de lo antiguo, incluye el grupo de pintores conocido bajo el nombre de Novecento que nació en 1922 compuesto por Mario Sironi, Achille Funi, Leonardo Dudreville, Anselmo Bucci, Ubaldo Oppi, Piero Marussing y Gian Emilio Malerba, lombardos de residencia. Estos artistas realizan un clasicismo moderno a partir de la contemplación de los viejos maestros: pulcritud, linealidad y acabado en el dibujo, sencillez en las composiciones. Con un ojo puesto en el cubismo y otro en los primitivos.

Mario Sironi
Paesaggio urbano [Paisaje urbano], 1920
Óleo sobre lienzo, 73,5 × 55,5 cm
Colección particular, Suiza
© Mario Sironi, VEGAP, Madrid, 2017

Regreso a la figuración. El retrato, hace referencia  al interés por la realidad objetiva de los artistas italianos se tradujo, entre otros aspectos, en una vuelta al oficio. Giorgio de Chirico fue uno de los primeros en interesarse por los antiguos maestros, las distintas técnicas  y los distintos modos de imprimación  de una tela, de preparación de un muro […]
Felice Casorati
Ritratto di Renato Gualino [Retrato de Renato Gualino], 1923-1924
Óleo sobre tablero de contrachapado, 97 × 74,5 cm
Istituto Matteucci, Viareggio
© Felice Casorati, VEGAP, Madrid, 2017

El desnudo como modelo, el desnudo tiene una amplia difusión. No solo en la pintura italiana también en el resto de Europa e, incluso la norteamericana de los años veinte y treinta. “Volver a situar al hombre en el centro del mundo, volver a hacer del cuerpo humano la medida del mundo, tal es el primer deber del arte moderno si se quiere recuperar sus leyes, ritmos y razones” señalaba Ugo Ojetti en la presentación de la exposición Venti artista italiani en 1924.

Piero Marussig
Venere addormentata (Nudo) [Venus dormida (Desnudo)], 1924
Óleo sobre lienzo, 96 × 159 cm
Colección particular 

Paisajes, Mario Sironi, Carlo Carrà o Giorgio Morandi fueron algunos de los que cada uno desde una visión personal, pintaron vistas urbanas y paisajes rurales con unos valores plásticos y pictóricos basados en la tradición.

Carlo Carrà
Varallo vecchio [El viejo Varallo], 1924
Óleo sobre lienzo, 52 × 67,2 cm
Národní Galerie, Praga. INV. O 3328
© Carlo Carrà, VEGAP, Madrid, 2017

La poesía de los objetos, en esta vuelta a los géneros tradicionales, no podía faltar la naturaleza muerta. Ya con anterioridad, Cèzanne, uno de los ejemplos a seguir por los artistas que volvieron al orden, sintió predilección por ese género. El bodegón es, precisamente, un ejercicio para el pintor que desea concentrar su atención en la naturaleza de las cosas y centrar su trabajo en la representación transmitiendo la apariencia de los objetos. Tal  es el caso de Morandi, que hace de la naturaleza muerta el eje de toda la pintura.

Giorgio Morandi
Natura morta [Bodegón], 1929
Óleo sobre lienzo, 39 × 52,7 cm
Mart, Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto. Colección L. F. INV. MART 218
© Giorgio Morandi, VEGAP, Madrid, 2017

Finalmente Las edades de la vida, en 1916, un año antes de que Picasso realice su telón  para ballet Parade, Severini retrata a su mujer e hija como si de una maternidad se tratara. Podemos decir que con ambas obras se inaugura, al menos de idealmente, la vuelta al orden. Siguiendo este ejemplo, maternidades, ancianos, la infancia, serán motivos comunes en la pintura italiana de estos años.

Hay obras como el tríptico de Cagnaccio di San Pietro Madre. La vita. II dolore. La gloria (Madre. La vida. El dolor. La gloria), 1923, como Una persona e due età (Una persona y dos edades) de Achille Funi, fueron presentados en la XIV Bienal de Venecia de 1924. Obras cargadas de sentimientos, generan una fuerte sensación de melancolía y tristeza, de espera, que impregna a toda la pintura de la vuelta al orden en Italia.

Cagnaccio di San Pietro
La partenza [La partida], 1936
Óleo sobre lienzo, 118 × 96,3 cm
Cortesía de Galleria Gomiero, Milán/Padua

La exposición ha sido organizada en colaboración con el Mart, Museo di Arte Moderna e Contempranea di Trento e Rovereto, y cuenta con préstamos de numerosas colecciones particulares e instituciones, como Pinacoteca di Brera, Museo del Novecento de Milán, el Musée d’Art Moderne de la Villa de París, National Gallery de Praga o el Museo Morandi, entre otros.

Comisariada por: Daniela Ferrari, conservadora del Mart, Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento Rovereto. Beatriz Avanzi, conservadora del Musée d’Orsay.



Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez


Bibliografía: Huyghe.R.y Rudel J. “El arte y el mundo moderno de 1920 a nuestros días” Editorial Planeta S.A. Barcelona.
Retorno a la belleza. Obras maestras del arte italiano de entreguerras. Fundación Mapfre. Exposición del 25 de febrero al 4 de junio de 2017. Madrid. Departamento de prensa, Alejandra Fernández y Nuria del Olmo.

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