lunes, 28 de noviembre de 2011

Ginés Parra: El espíritu de la materia. 1896-1960.



Mujer con frutas

Decía Parra: “No soy de los que desprecian la técnica académica.  Hay que pasar por ella y el que logre salir adelante, siempre llega a ser algo de verdad. Basta recordar el caso de un pintor tan personal como Pierre Matisse, fruto como otros muchos de L`Ecole de Beaux Arts de París”. Posiblemente recordó el empeño que pusieron sus maestros –Simón y Louis Roger- en que él fuera lo más Ginés Parra  posible, es decir que respetaron y animaron la autonomía  de su talento, la originalidad de su inspiración. Pues bien, él ha hecho honor a esa confianza, manteniéndose al servicio de su fe en una manera de pintar, en evolución constante. Vio de cerca el movimiento cubista y todos los “ismos”, del arte pictórico, musical y literario, sin embargo, no se sintió  necesitado de afiliarse a ninguna orientación determinada.
Bodegón

Lo primero que descubrimos en Parra es una original economía de medios. Requiere para expresarse esos suficientes elementos a través de los cuales el arte se comunica, sin demora, como por un cristal. Un paisaje enfrenta la realidad en la que se inspira de una manera exclusivamente pictórica. Su objetivo no es la naturaleza, le interesa algo más importante que la visión de ella: La obtención de una unidad en la que  dos o tres tonos principales por su combinación creen una realidad, concreta por su existencia, abstracta por su esencia. Grises y blancos dentro de los cuales vibra toda una gama diluida, incorporada en su multiplicidad al conjunto, poseen una gravedad, que sin embargo expende, con brillos cálidos, con luces frías, con variadas sensaciones. Se trata de materia transformada en movimiento. En cuanto al método  de Parra, en la pintura de todo artista auténtico, no es por cierto limitación, las telas se hallan unificadas por la personalidad que el pintor emana, no  por el uso y abuso de una técnica inviolable. Una mirada al conjunto de sus creaciones, nos lo presenta en todas las direcciones, atacando con seguridad varias especies de enigmas, y resolviéndolos a fuerza de reconocerlos, colores vivos –dulces o agrios, ásperos o suaves, fuertes o livianos- junto a blancos y negros generosos, se apoyan en formas sintéticas  y  equilibradas.

Casa y Árboles en el Río

No es fácil  relacionarlo con el resto de sus compatriotas incluidos en la Escuela de París. Se ha distinguido por un modo de hacer muy personal evitando seguir las corrientes de su época, creando una abundante obra animada por su voluntad. Se le ha calificado a menudo como  expresionista. Moreno Galván lo definía: “Es un creador de paisajes hondos, de línea vertebral, de sobria  raíz expresionista”,  pero contrariamente a Nolde o Max Pechstein, apenas da cabida al exotismo y se diferencia de Munch o de Kokoschka  porque  construye una realidad “desnaturalizada”. Su línea plástica  es una reacción  natural contra un arte anquilosado, contra un academicismo superado, pero no tiene contenido social. No obstante, aparecen  analogías  en la comparación en la que se ha intentado  establecer entre él y los representantes del Expresionismo germano-nórdico: necesidad de independencia, de libertad, de soledad, una marcada inclinación por el individualismo, un sentido innato por el arte; muchos de estos artistas alemanes eran autodidactas. Todos estos creadores con los que  de una manera lejana, se relaciona a Parra, mostraban un gran eclecticismo en la elección de sus temas, la intensidad de los colores. En cuanto  a  su similitud con Rouault, enfrentando la obra de ambos es como se ve la diferencia, en apariencia puede  que lo recuerde por algunos temas puntuales.
No me sorprende lo que escribe René Jean […] "Su línea, decidida, franca, conducida con firmeza, modela los volúmenes, sin que, pese su austeridad, se reduzca a un  accesorio ornamental ni,  por su importancia, sea protagonista o independiente  del paisaje, en el que al contario, está armónicamente integrada y supeditada al conjunto. A menudo, esta  línea parece próxima a la  concepción de  Ingres: es el caso de ciertos desnudos yacentes de sensual belleza o el Picnic, que subraya en esta época la preocupación del artista de Zurgena por las dulces armonías del modelo" […]
Anteriormente en los años veinte y treinta encontramos “Leda y el cisne” obra que fue tan admirada y reconocida en el Salón de los Independientes de París. Este cuadro fue comprado posteriormente por una galería de Boston. Hay otras obras que aparecen en la prensa francesa, difícilmente se pueden reproducir debido al mal estado del papel, pero sí estudiar. Como es sabido pocos eran  los cuadros que se reproducían en los dípticos u hojas de las exposiciones que se hacían en la época.

Veamos lo que apuntó F. Delanglade […] Por otro lado, el perfil español de la sierra se inscribe en sus obras con tanta firmeza como en el período cubista de Picasso, con la diferencia de que la materia habla  en Parra el lenguaje del grafismo con inflexiones de una mayor  humanidad […]. Es un buen análisis, realmente Picasso marcó  mucho a toda su generación, pero a la larga fueron muy independientes.
Bodegón

De las similitudes expuestas anteriormente, en esta exposición  hay: desnudos, paisajes con arquitecturas, paisajes, bodegones, figuras, y temas religiosos. Naturalmente tales análisis pueden resultar ásperos y parecen oponerse a la luminosidad e inmediatez de esta pintura, tiernamente ofrecida tanto  a la mente como a los sentidos, de modo que parece violada al hablar sobre ella  de manera tan compleja. Él  sintió la inquietud de su época y persiguió todo lo nuevo, como los artistas del Renacimiento, todo lo que es cerebración le interesó. Concebir, crear, resolver, prolongarse en la obra, todas las vías son buenas, lo esencial es descubrir, encontrar no importa qué.
Después de leer artículos de prensa  y entrevistas desde los años veinte hasta los años cincuenta, sorprende ver que en un determinado momento -Montparnasse- es Parra tiene una cautivadora originalidad y él también. Rescato un texto  que escribió para el periódico “Nueva Gaceta” Buenos Aires, 6 de Octubre de 1949, ilustrado con una pintura titulada “Figura” (óleo): “Una parte del público alimenta su espíritu con el vivo recuerdo del pasado; otra fija el horizonte, medita sobre la futura realización de un sueño ilusorio. Es artista el que en su obra consigue el acento  del eternal presente: es una inquebrantable piedra de las  que forman el mundo de la belleza. La vida en arte es dueña y señora cuya presencia clausura las dudas de una belleza eternal. Nunca decimos  vida por bello ni muerte por feo”. Este texto me lleva  a las teorías de Kandinsky: “Bello es lo que brota de la necesidad anímica interior. Bello es lo que es  interiormente bello”. Quizás Parra,  también pensaba, que bajo el concepto de belleza no comprendemos naturalmente  la moral externa o incluso interna admitida en general, sino todo aquello que refina y enriquece el alma, también de forma intangible. Por eso, en la pintura todo color  es bello, y que cada color provoca una vibración anímica y toda vibración enriquece el alma. Por eso también  todo lo que sea exteriormente -feo- puede ser interiormente bello, tanto en el arte como en la vida. Nada es –feo- en su resultado interior, es decir en su efecto sobre el alma de los demás […]

Ginés Parra. C. 1917
 Bibliografía: Otero Vila, Mariví. Parte  de la introducción a la exposición antológica. Ginés Parra: El espíritu de la materia, 1896-1960. De la que fui comisaria. Recomiendo este catálogo de 254 páginas.  A las personas interesadas en Ginés Parra,  o que estén realizando el catálogo razonado, la investigación que realicé, al día de hoy la encuentro esplendida. La publicación y exposición la realizó UNICAJA Fundación, en Almería y Málaga 2006-2007.

Mariví Otero

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