lunes, 3 de octubre de 2011

Aquarium Finesterrae A Coruña y Galerías. Agosto 2011.

Sumergirse en el Atlántico, mirar el océano como el capitán Nemo, enamorarse de la costa gallega.

El Aquarium Finesterrae, concebido como un centro de ciencia y tecnología marina y educación ambiental, dedica sus contenidos a mostrar la diversidad de la costa gallega, al conocimiento del mar y al estudio de su dinámica y aprovechamiento.

No dejéis de visitarlo. Sobre todo llevar a los niños; es un lugar bellísimo. La Torre de Hércules está en el mismo entorno, tan alta y majestuosa. Podéis visitarla, las vistas son inolvidables.

Este verano, después de tres que no visitaba A Coruña,  está ¡en su sitio!,  que mágica está, digo mágica y digo bien; “ella y ellas las preciosas galerías”, recuerdo un libro, O Libro Das Galerías Galegas, de Xosé de Castro Arines. Ediciones do Castro, 1975. Quiero recordar a este gran Crítico de Arte, gran amigo y gallego de Tuy, también a su esposa Mercedes.

“Escribe Castro Arines, en este espléndido libro, como siempre con gran encanto, gran conocedor de todo lo que escribió a lo largo de su vida, sobre todo temas de arquitectura, arte, etc:
[…] Son una delicia estas casas gallegas recubiertas de galerías acristaladas figuras admirables de soleación, criaturas térmicas de mayor rango arquitectónico, que ya solo por ello valdrían en su acierto. En la vieja arquitectura de fábrica, en la que la piedra arma la arquitectura de fábrica, en la que la piedra arma la cubertura de la casa, la galería no extingue la fortaleza de la piedra, ni se nos va de las manos su tremendo potencial de vida, ni siquiera se nos oculta a los ojos, sino que muda su condición y por alterar sus modos decorativos, pasa a señalar la porción más noble de la intimidad de la arquitectura. Y así es curioso que estas arquitecturas afianzadas de siglos por la piedra, se expliquen  de pronto por uno de los más frágiles materiales de la constructiva doméstica: un cuerpo nuevo, frágil como un temblor, pero inmenso de posibilidades expresivas de cara al tiempo.

Invención admirable la de estas galerías, la más esplendida forma de lenguaje doméstico imaginado en el país, que describe con signos cargados de incentivos la capacidad comunicativa de la arquitectura popular. ¿Y por qué no, si la arquitectura es potenciada en su capacidad de comunicación signaría en los órdenes e instrumentaciones que rigen el buen construir, por la estructura, por el muro, por la cubierta, por la galería, por la solana, por la chimenea, por el adorno? Pero no seré yo quien explique tan admirable invención como nacida de gentes que alcanzaron su saber de arquitectura instruidas en la ciencia que va de Vitruvio a Palladio, a Serlio, a Vignola a Alberti, puesto que de tal saber de arquitectura no entiende aquí mi curiosidad. La constructiva de la piedra es obra aquí de gentes que fueron conocidas de antiguo como maestros artífices  del saber de la cantería -“senex mirabilis magister” se llama en las crónicas compostelanas al viejo Bernardo, cantero en la obra de las Platerías- cuya ciencia nació del contacto cotidiano con la piedra, quemándose la vida en esta labor de romanos, todavía hoy aristocrática (y sigue siéndolo, difícil encontrar un cantero). Y con ellos los carpinteros de lo blanco, que estructuran el cuerpo de las galerías y de cuya inventiva se hará de nuevo recordación en estas notas por exigencia de la calidad de su obra y de la maestría con que ella se expuso de siempre. Canteros, carpinteros, alarifes, vidrieros, inventando a una este divertimento arquitectónico con el que la casa se adorna y con el cual la casa se adorna y con el cual se pone al exterior una de sus más señaladas proporciones de su ser entrañable.


La galería es solo criatura urbana. Cuando aparece en otros lugares –las casas marineras y campesinas, donde con tanto atractivo se ofrece- se debe a influencias de la casa urbana popular, pero por ello, cualquiera que sea su lugar, deja de ser abierta a las atenciones e inventivas de la vida “al exterior”. No alcanza para el cristal la intimidad de la celosía, del “musharabí” y, sin embargo, sí permanece en ella protegida de toda pesquisición pública la vida familiar. Y tiene, si se puede decir, como la fuente por ejemplo, un algo femenino…
Gracias José de Castro Arines, por los textos tan bellos que nos has dejado.
Mariví Otero

Bibliografia: Despegable de mano “Museos científicos  Coruñeses” A Coruña.
De Castro Arines, Xosé. O Libro Das Galerías Galegas. Ediciones do Castro, texto bilingüe. A Coruña, 1975

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