En el
Museo Nacional del Prado visitamos esta exposición. A través de una cuidada
selección de 44 obras, la muestra pone en valor una colección de más de 10.000
fotografías de gran relevancia patrimonial, un conjunto en constante
crecimiento que refleja el interés que el estudio de esta práctica artística
suscita en la sociedad.
Desde
2009, la sala 60 (donde nos encontramos) del Museo del Prado se ha combinado
como un espacio dedicado a la presentación de las colecciones del siglo XIX,
permitiendo el desarrollo de proyectos expositivos de pequeño formato que
abordan múltiples perspectivas artísticas y técnicas. En este contexto, “El
Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida”, comisariada por
Beatriz Sánchez Torija, de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografías,
supone un nuevo paso en el reconocimiento de nuevas disciplinas artísticas al
otorgar a la fotografía un protagonismo pleno, en consonancia con la
importancia que esta ha adquirido tanto en el ámbito museístico como en la
sociedad contemporánea.
Las
obras del museo comenzaron a fotografiarse de manera sistemática en la década
de 1860, aunque algunos años antes ya se habían recibido las primeras
solicitudes para reproducir fotográficamente determinadas piezas. En los
primeros tiempos, debido a la escasa sensibilidad de los procedimientos
utilizados, era habitual trasladar las obras al exterior del edificio, para
conseguir mejores condiciones de luz. Tras la toma fotográfica, se procedía al
procesado del negativo.
Los
espacios arquitectónicos que albergaban las obras más representativas de la
colección, como la Galería Central o el salón basilical, se presentan junto a
otros ámbitos monográficos, como la sala de Murillo o la galería de escultura.
Además del interés histórico y museográfico que poseen estas fotografías en su
conjunto, su observación pormenorizada revela otros detalles curiosos, como el
abigarramiento de las pinturas en los muros, el mobiliario y la calefacción de
la época o la aparición fugaz de una persona, en un tiempo en el que la
fotografía registraba los interiores del Prado vacío.
Las
pinturas, seguidas de las esculturas, fueron el objeto principal de las
reproducciones fotográficas del Museo del Prado, si bien algunos dibujos y
piezas de artes decorativas también estuvieron representados en los principales
repertorios fotográficos, mostrando así la riqueza y variedad de sus
colecciones. Fotografías de obras maestras como Las lanzas de Velázquez
fueron comercializadas por diversas compañías, que ofrecían imágenes de la
totalidad del cuadro o detalles de sus partes más significativas.
Algunas
de las fotografías mostradas, sin embargo, se realizaron antes de que las obras
ingresaran en el Prado, cuando aún formaban parte del Museo de la Trinidad o
con motivo de su participación en una Exposición Nacional de Bellas Artes,
según se desprende de las inscripciones impresas o las dedicatorias manuscritas
que acompañan a varias de ellas.
Esta
es la primera muestra fotográfica dedicada a la fotografía y realizadas con
fondos propios del Museo Nacional del Prado.
Mariví
Otero
Manuel
Otero Rodríguez
Fuente:
El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida. 2 de febrero
2026. Documentación y fotografía: Área de Comunicación y Asuntos Corporativos
Museo del Prado.





