martes, 13 de octubre de 2026

LA OTRA ORILLA DE LA VANGUARDIA

August Klotz (August Klett) . «“La caprice” para la República» [hoja VIII], 4 de octubre de 1923 . Lápiz, lápiz copiativo, acuarelas con pintura blanca opaca y tiza sobre papel de dibujo . 22,8 x 35,2 cm. Colección Prinzhorn, Hospital universitario de Heidelberg (Alemania). n.º inv. 575. Foto: © Prinzhorn Collection, University Hospital Heidelberg

 En la Fundación Mapfre Madrid, nos hemos paseado por esta muestra La otra orilla de la vanguardia, comisariada por Pilar Montes.

La exposición toma como punto de partida el libro Bildnerei der Geisteskranken (1922) -traducido aquí como Expresiones de la locura-, del psiquiatra e historiador del arte alemán Hans Prinzhorn, elaborado a partir de la colección de obras de pacientes psiquiátricos que había reunido en el hospital universitario de Heidelberg. Esta publicación otorgó visibilidad y dignidad artística a estas creaciones, y contribuyó con ella a cuestionar las fronteras tradicionales del arte. El proyecto examina asimismo el contexto cultural y artístico en el que se gestó el libro, así como su influencia posterior en diversos movimientos de vanguardia y, en concreto, su papel decisivo en el surgimiento del arte Brut.

Hans Prinzhorn. Bildnerei der Geisteskranken [Expresiones de la locura], 1922. Libro 26 x 21 cm  Colección Prinzhorn, Hospital universitario de Heidelberg (Alemania)  Foto: © Prinzhorn Collection, University Hospital Heidelberg

La otra orilla de la vanguardia recorre esta historia a través del diálogo entre obras de la colección Prinzhorn y piezas de algunos de los principales protagonistas de la modernidad.

La exposición, dividida en cinco secciones, muestra cómo aquellas creaciones conectaron con las ideas e intereses de las vanguardias y plantea una reflexión sobre quiénes han sido reconocidos -o excluidos- dentro del relato de la historia del arte.

Ernst Ludwig Kirchner. Bailarina desnuda, 1921. Litografía sobre papel japonés. 64,6 x 54 cm (hoja). Brücke-Museum, Berlín. n.º inv. 10/01. Foto: Brücke Museum / Romn März

Nuestro recorrido por las cinco secciones

Un espíritu compartido: expresionismo alemán: En los primeros años del siglo XX Múnich fue uno de los grandes focos de renovación de la vanguardia alemana. Allí construyeron las ideas de Hans Prinzhorn con el ambiente expresionista de grupos como el muniqués Der Blaue Reiter (El jinete azul) y el norteño nacido en Desdre Die Brücke (El puerto), que defendían una creación nacida de impulsos primeros, físicos y psíquicos, al margen de las normas académicas.

Figuras próximas a Prinzhorn, como Mary Wigman o Emil Nolde, compartieron ese interés por una expresión más libre, ya fuera a través de la forma, el color, o la imagen en movimiento propia de la danza. En paralelo, Der blaue Reiter, fundado por Vasili Kandinsky y Fran Marc, defendió un lenguaje espiritual y alejado de las convenciones. Diez años después, Prinzhorn reconocería en las obras de pacientes psiquiátricos esa misma potencia creadora.

Emil Nolde. Atardecer de otoño, 1924. Óleo sobre lienzo. 73 x 100,5 cm. Museo Nacional Thyssen Bornemisza, Madrid n.º inv. 690 (1964.9). Foto: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid © Nolde Stiftung Seebüll

Dadá y el arte fuera de la norma: Tras la Primera Guerra Mundial, la locura adquirió un lugar central en el imaginario artístico como huella del trauma colectivo.

La recepción de Prinzhorn alcanzó en Berlín, donde artistas como George Grosz y Kurt Schwitters exploraron lenguajes deformados, satíricos y construidos a partir de materiales de desecho, cercanos en algunos aspectos a procedimientos presentes en la colección formada por Prinzhorn en Heidelberg. Desde Colonia. Max Ernest contribuyo después a llevar este universo visual a París, donde circulara entre los surrealistas.

Gabriele Urbach. «Retrato», antes de 1921. Hilo de bordar de algodón e hilo de algodón sobre cañamazo. 99,5 x 86,5 cm. Colección Prinzhorn, Hospital universitario de Heidelberg (Alemania)  n.º inv. 40. Foto: © Prinzhorn Collection, University Hospital Heidelberg

Surrealismo: La frontera la realidad el inconsciente: El libro de Hans Prinzhorn circuló con rapidez entre los surrealistas y se convirtió en referencia visual para los artistas interesados en explorar los límites entre realidad, imagen e inconsciente, Paul Éluard lo definió como “el libro de imágenes más bello del mundo”.

En 1929, la exposición L’Art des fous, celebrada en París, mostró varias obras de la colección Prinzhorn y reforzó el interés de los surrealistas por las formas de creación vinculadas al sueño, la tranca, la hipnosis o los estados alterados de la conciencia.  Artistas y escritores como Robert Desnos, Henri Michaux, Unica Zúrn o Antonín Artaud llevaron esta investigación hacia zonas cada vez más intensas de la experiencia interior.


Kurt Schwitters. Sin título [Miniatura Merz], 1920 Collage sobre papel. 8,6 x 7 cm (mancha). Colecciones Fundación Mapfre. n.º inv. FM000326. Foto: © Fernando Maquieira, 2026. © Kurt Schwitters, VEGAP, Madrid, 2026

El periodo de entreguerras y el arte degenerado: Expresionismo, dadaísmo o abstracción quedaron así incluidos bajo la etiqueta de -arte degenerado-.

La exposición Entartete Kunst, inaugurada en 1937 y concebida como un instrumento de propaganda, presento las obras de vanguardia de forma deliberadamente caótica y ofensiva. En su itinerancia a Berlín, ya en 1938, se incorporaron también creaciones de pacientes psiquiátricos de la colección Prinzhorn, con el objetivo de establecer una falsa equivalencia entre ambas y justificar la censura y persecución del arte moderno.

George Grosz . Crepúsculo, 1922Acuarela y tinta sobre papel. 52,3 x 40,5 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. n.º inv. 568.a/b (1973.65.a/b). Foto: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid © Estate of George Grosz, Princeton, N.J., VEGAP, 2026

Del legado de Prinzhorn al art brut: A partir de 1945, la revalorización de las obras creadas por pacientes psiquiátricos cobró un nuevo impulso, promovida tanto por el interés precio de los surrealistas como por la obra de Jean Dubuffet (1901-1985). Durante sus viajes por Suiza. El artista visitó hospitales psiquiátricos, prisiones y colecciones y etnográficas. Experiencias que reforzaron su interés por las formas de creación existentes al margen del arte oficial. Fue en este contexto donde desarrolló el concepto de art brut. Término que utilizó para designar este tipo de obras producidas al margen de la formación académica y de la cultura artística establecida. Su visita a la colección de Heidelberg en 1950 consolidó aún más esta visión.

Dubuffet no solo reavivó el interés que ya había estudiado Prinzhorn, sin que también desempeñó un papel fundamental en la consolidación de una nueva perspectiva sobre estas prácticas.

Jean Dubuffet. La alegría de vivir (Paisaje amarillo con pequeño saltador en el medio), mayo de 1949 . Óleo sobre tela de arpillera. 89 x 116 cm . Fondation Dubuffet, París  n.º inv. 624 © VEGAP, Madrid / Fondation Dubuffet, Paris, 2026.

Hemos caminado entre unas setenta obras y una amplia selección de documentación que nos ha permitido recordar este capítulo fundamental de la historia del arte del siglo XX.

La muestra ha sido posible contando con la colaboración: Colección Prinzhorn, (Universidad de Heidelberg), la Collection de l’Art Brut de Lausana, el Brúcker-Museum de Berlín, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (con obras procedentes de su colección y de la del Archivo Lafuente).

© Mariví Otero 2026
Manuel Otero Rodríguez

Fuente: La otra orilla de la vanguardia. Fundación Mapfre Madrid. Del 24 de septiembre 2026 al 10 de enero 2027. Documentación y fotografía: Comunicación Fundación Mapfre. Alejandra Fernández Martínez.