En la Fundación Mapfre Madrid, nos hemos
paseado por esta muestra La otra orilla de la vanguardia, comisariada
por Pilar Montes.
La
exposición toma como punto de partida el libro Bildnerei der Geisteskranken
(1922) -traducido aquí como Expresiones de la locura-, del psiquiatra e
historiador del arte alemán Hans Prinzhorn, elaborado a partir de la colección
de obras de pacientes psiquiátricos que había reunido en el hospital
universitario de Heidelberg. Esta publicación otorgó visibilidad y dignidad
artística a estas creaciones, y contribuyó con ella a cuestionar las fronteras
tradicionales del arte. El proyecto examina asimismo el contexto cultural y
artístico en el que se gestó el libro, así como su influencia posterior en
diversos movimientos de vanguardia y, en concreto, su papel decisivo en el
surgimiento del arte Brut.
La
otra orilla de la vanguardia recorre esta historia a
través del diálogo entre obras de la colección Prinzhorn y piezas de
algunos de los principales protagonistas de la modernidad.
La
exposición, dividida en cinco secciones, muestra cómo aquellas creaciones
conectaron con las ideas e intereses de las vanguardias y plantea una reflexión
sobre quiénes han sido reconocidos -o excluidos- dentro del relato de la
historia del arte.
Nuestro
recorrido por las cinco secciones
Un
espíritu compartido: expresionismo alemán: En los
primeros años del siglo XX Múnich fue uno de los grandes focos de renovación de
la vanguardia alemana. Allí construyeron las ideas de Hans Prinzhorn con
el ambiente expresionista de grupos como el muniqués Der Blaue Reiter (El
jinete azul) y el norteño nacido en Desdre Die Brücke (El puerto), que
defendían una creación nacida de impulsos primeros, físicos y psíquicos, al
margen de las normas académicas.
Figuras
próximas a Prinzhorn, como Mary Wigman o Emil Nolde, compartieron ese interés
por una expresión más libre, ya fuera a través de la forma, el color, o la
imagen en movimiento propia de la danza. En paralelo, Der blaue Reiter,
fundado por Vasili Kandinsky y Fran Marc, defendió un lenguaje espiritual y
alejado de las convenciones. Diez años después, Prinzhorn reconocería en las
obras de pacientes psiquiátricos esa misma potencia creadora.
Dadá y
el arte fuera de la norma: Tras la Primera Guerra Mundial, la locura
adquirió un lugar central en el imaginario artístico como huella del trauma
colectivo.
La
recepción de Prinzhorn alcanzó en Berlín, donde artistas como George Grosz y
Kurt Schwitters exploraron lenguajes deformados, satíricos y construidos a
partir de materiales de desecho, cercanos en algunos aspectos a procedimientos
presentes en la colección formada por Prinzhorn en Heidelberg. Desde Colonia.
Max Ernest contribuyo después a llevar este universo visual a París, donde
circulara entre los surrealistas.
Surrealismo:
La frontera la realidad el inconsciente: El libro de Hans
Prinzhorn circuló con rapidez entre los surrealistas y se convirtió en
referencia visual para los artistas interesados en explorar los límites entre
realidad, imagen e inconsciente, Paul Éluard lo definió como “el libro de
imágenes más bello del mundo”.
En
1929, la exposición L’Art des fous, celebrada en París, mostró varias
obras de la colección Prinzhorn y reforzó el interés de los surrealistas por
las formas de creación vinculadas al sueño, la tranca, la hipnosis o los
estados alterados de la conciencia.
Artistas y escritores como Robert Desnos, Henri Michaux, Unica Zúrn o
Antonín Artaud llevaron esta investigación hacia zonas cada vez más intensas de
la experiencia interior.

El
periodo de entreguerras y el arte degenerado: Expresionismo,
dadaísmo o abstracción quedaron así incluidos bajo la etiqueta de -arte
degenerado-.
La
exposición Entartete Kunst, inaugurada en 1937 y concebida como un
instrumento de propaganda, presento las obras de vanguardia de forma
deliberadamente caótica y ofensiva. En su itinerancia a Berlín, ya en 1938, se
incorporaron también creaciones de pacientes psiquiátricos de la colección
Prinzhorn, con el objetivo de establecer una falsa equivalencia entre ambas y
justificar la censura y persecución del arte moderno.
Del
legado de Prinzhorn al art brut: A partir de 1945, la
revalorización de las obras creadas por pacientes psiquiátricos cobró un nuevo
impulso, promovida tanto por el interés precio de los surrealistas como por la
obra de Jean Dubuffet (1901-1985). Durante sus viajes por Suiza. El artista
visitó hospitales psiquiátricos, prisiones y colecciones y etnográficas.
Experiencias que reforzaron su interés por las formas de creación existentes al
margen del arte oficial. Fue en este contexto donde desarrolló el concepto de
art brut. Término que utilizó para designar este tipo de obras producidas al
margen de la formación académica y de la cultura artística establecida. Su
visita a la colección de Heidelberg en 1950 consolidó aún más esta visión.
Dubuffet
no solo reavivó el interés que ya había estudiado Prinzhorn, sin que también
desempeñó un papel fundamental en la consolidación de una nueva perspectiva
sobre estas prácticas.
Hemos caminado entre unas setenta obras y una amplia selección de documentación que nos ha permitido recordar este capítulo fundamental de la historia del arte del siglo XX.
La
muestra ha sido posible contando con la colaboración: Colección Prinzhorn,
(Universidad de Heidelberg), la Collection de l’Art Brut de Lausana, el
Brúcker-Museum de Berlín, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía (con obras procedentes de su colección y de
la del Archivo Lafuente).
© Mariví Otero 2026
Manuel Otero Rodríguez
Fuente: La otra orilla de la vanguardia. Fundación Mapfre Madrid. Del 24 de septiembre 2026 al 10 de enero 2027. Documentación y fotografía: Comunicación Fundación Mapfre. Alejandra Fernández Martínez.






