Seguimos
en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, pasamos a visitar la primera gran
retrospectiva en España dedicada a Vilhelm Hammershøi (1864-1916). Comisariada
por Clara Marcellán.
El subtítulo
de la muestra, “el ojo que escucha”, remite a la relación metafórica entre su
pintura, el silencio. La aparente calma que transmite, y el interés del artista
por la música.
La
exposición aborda este y otros temas que recorren su obra, como el papel de su
mujer Ida Ilstad en su proceso creativo, la progresiva depuración de los
interiores domésticos y sus paralelismos con el tratamiento de las
arquitecturas y paisajes, así como su autorrepresentación como pintor en los
últimos años de su vida.
El
recorrido lo hacemos a través de noventa óleos y dibujos del artista y de
algunos de sus contemporáneos, ofrece una completa visión de la obra de este
pintor que creó poca más de 400 obras en sus 51 años de vida. Considerado como
uno de los artistas daneses más destacados de finales del siglo XIX y
principios del XX, tras la irrupción y consolidación de los movimientos de
vanguardias cayó progresivamente en el olvido.
Retratos
y figuras. Los retratos suponen una parte importante de la
obra de Hammershøi y permiten reconstruir su
círculo más próximo. En él ocupan un lugar destacado los artistas y músicos de
los que se rodea, que le encargan obras o posan para él. La escucha o la espera
se convierten en motivos habituales durante el siglo XIX, que en ocasiones
explican el carácter introspectivo de los retratados por Hammershøi, como
ocurre con “El violinista. Retrato de Henry Bramsen”. Con el uso de fondos
neutros y la eliminación de elementos que insinúan una narrativa, Hammershøi
evita las distracciones para presentar imágenes suspendidas en el tiempo. “Tres
mujeres jóvenes” (1895) muestra a Ida y sus cuñadas, unidas por Anna, la
hermana del artista, que lee un libro.
IDA. Ida Ilsted, hermana de uno de los compañeros de estudios de Vilhelm, se convierte en una presencia constante en la pintura del artista desde que se casan en 1891. A veces como figura anónima o idealizada, a veces cercana y vulnerable.
Interiores.
Conversaciones silenciosas. El género que más éxito
procuró a Hammershøi se presenta en dos grupos: interiores con figuras e
interiores vacíos. En ambos conjuntos muestra las estancias de sus casas, que
funcionaron también como estudio y fueron su tema predilecto. Entre 1898 y 1909
vivió en el número 30 de la calle Strandgade, en Copenhague, donde realizó más
de 60 pinturas, Algunas cuentan con figuras de mujeres, a menudo de
espaldas, leyendo o realizando tareas del hogar, como interior, mujer
vista de espaldas (hacia 1904).
Paisajes
rítmicos. Hammershøi también pintó arquitecturas más humildes, como
granjas, y paisajes rurales durante sus estancias veraniegas en los alrededores
de la ciudad. El paisaje plano, suave y uniforme de Dinamarca lo trata con la
soledad de las vistas urbanas, con algunos árboles y planos superpuestos, como
en “Lluvia con sol”, “Lago Gentofte" (1903), y un sutil rastro humano en
caminos y construcciones.
Años finales. Después de casi quince años sin autorretratarse en 1911 aborda su condición de pintor y se pinta pincel en mano, mirando al espectador. Con sus pinturas de esta época también se apropiará del apartamento en Strandgade 25, que ocupó desde 1915 hasta su muerte en 1916.
Tras su clausura en Madrid, la exposición se presentada en la Kunsthaus Zürich (Suiza).
Un
reencuentro muy positivo con la obra de HAMMERSHØI.
Mariví
Otero
Manuel
Otero Rodríguez
Fuente:
Hammershøi. El ojo que escucha. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Se puede
visitar hasta el 31 de mayo 2026. Documentación y fotografía: Oficina de Prensa
del Museo.








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