Estamos
ya en la primera de las grandes exposiciones de 2026 del Museo Nacional del
Prado.
La
exposición, comisariada por Joan Molina
Figueras, jefe de Colección de pintura europea hasta 1500, cuenta con más de un centenar de obras de
diversas técnicas (pintura, escultura, orfebrería, manuscritos iluminados,
dibujos, bordados, tejidos de seda…) que proceden de 31 instituciones españolas
y 25 extranjeras, para abordar cómo los modelos del Trecento italiano fueron
asimilados y reformulados por los artistas hispanos, dando lugar a un lenguaje
visual híbrido, sofisticado y de gran originalidad, (espléndidas obras).
La selección incluye piezas tanto de relevantes maestros italianos, como Anbrogio Lorenzetti, Gherardo Starnina, Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Andrea di Petruccio o Geri Lapi, hasta de destacadas personalidades hispanas, caso de Ferrer y Arnau Bassa, los hermanos Serra, Pedro de Córdoba o Miguel Alcañiz.
Lejos de proponer una narración unilateral, la exposición subraya la complejidad de estos intercambios artísticos con un final revelador: el impacto de la cultura tardogótica hispana e Italia. Una vuelta de tuerca que señala hasta qué punto las vías mediterráneas anula las fronteras tradicionales entre centro y periferia para implantar un mundo de encrucijadas de caminos y de alternativas fascinantes.
La
visita la seguimos a través de cinco secciones:
I Antes
de la peste negra. Declinaciones del arte italiano
La asimilación
de las nuevas corrientes estéticas surgidas en el mundo italiano fue estimulada
por los clientes más selectos de la sociedad aragonesa y mallorquina que a
partir de la tercera década del siglo XIV, favorecieron la llegada de maestros
transalpinos y la importación de obras desde la península itálica, pero, sobre
todo, fomentaron la actividad de artistas locales conocedores del nuevo
lenguaje, en espacial pintores y miniaturistas. Joan Loert, en el reino de
Mallorca, y Ferrer Bassa y su hijo Arnau, en la corona de Aragón, son los
artífices más destacados.
II El
puente de Aviñón. Intercambios mediterráneos
La
geografía en un factor determinante: el mar anula fronteras y favorece los
intercambios culturales. Entre los esclavos mediterráneos que estimulan las
relacionas artísticas a principios del siglo XIV destaca Aviñón, el capital
papel entre 1307 y 1403. Remontando el Ródano se alcanza una ciudad cosmopolita
que acoge a pintores y orfebres italianos, en especial sieneses, con Simone
Martini y su círculo a la cabeza. Algunos de ellos llegan a la corona de Aragón,
donde marcan la trayectoria de maestros como Arnau Bassa y ayudan a configurar
el paisaje artístico de medianos del siglo XIV. Por otro lado, obras aviñonesas
son adquiridas por eclesiásticos hispanos de la corte pontificia, como
Benedicto XIII o el cardenal Gil Álvarez de Albornoz.
La
asimilación de los modelos italianos implica también la incorporación de temas
de origen transalpino, si bien traducidos y adaptados a la realidad de los
reinos hispanos. Los monarcas y sus cortes resultan especialmente activos en
este sentido con la reelección de imágenes de gran carga simbólicas, como la
Verónica de la Virgen -concebida a partir de modelos romanos -o la Virgen de la
Humildad – derivada de prototipos gestados por Simone Martini en Aviñón- En sus
manos, las expresiones de piedad y cultura se tornan manifestaciones de perder prestigio.
Esa creatividad iconográfica observa igualmente en algunos distinguidos
conventos femeninos -Santa Clara de Palma de Mallorca, Santa María de Pedralbes
y el del Santo Sepulcro de Zaragoza-, cuyas formas de vida estaban más próximas
a los usos cortesanos que a la regla profesada.
IV La
mirada cautiva. Técnicas fascinantes
La sofisticación técnica y el uso de materiales preciosos fueron otros de los rasgos que marcaron el horizonte visual del Trecento italiano y que incluyeron en su éxito más allá de la península transalpina. Los bordados con hilos de oro y plata (opus florentinum), los esmaltes traslúcidos sieneses, las esculturas policromadas y doradas y, especialmente, las pinturas, donde la refinada manipulación del oro permitía emular la textura y la suntuosidad de los tejidos de lujo y las joyas, pasaron a ser un referente estético para los clientes y los artistas de los reinos hispanos.
V
Viajes de ida y vuelta. A la manera de España
Nuestro
periplo concluye con un giro insospechado que ilustra hasta qué punto los
caprichos de los intercambios culturales desmienten cualquier apriorismo o
categoría establecida por los discursos historiográficos tradicionales. Si a lo
largo de toda la exposición el discurso se ha centrado en la profunda
incidencia que tuvieron los modelos italianos trescentristas en los reinos
hispanos, la última sección está dedicada a examinar una situación inversa. Su
protagonista es Gherardo Starnina un maestro toscano que, tras su paso por las
coronas de Castilla y Aragón entre 1393 y 1402, agitó el ambiente artístico de
la Florencia de inicios del siglo XV con el renovador lenguaje tardogótica que
había asumido durante su estancia en Valencia. Su viaje de ida y vuelta revela
hasta qué punto las andanzas de ciertos artistas por el Mediterráneo occidental
y las obras que dejaron a su paso dieron lugar a realidades plurales e
híbridas, difíciles de categorizar, pero fundamentales para comprender la
evolución de las formas artísticas. Demostraría cómo A la manera de Italia
puede acabar transformándose en A la manera de España.
El
recorrido lo hicimos dos veces, espléndidas obras y exposición.
©
Mariví Otero 2026
Manuel
Otero Rodríguez
Fuente:
“A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)”. Museo
Nacional del Prado. Se puede visitar hasta el 29 de septiembre 2026.
Documentación y fotografía: Museo del Prado, Área de comunicación y Asuntos
Corporativos.








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