El
Museo Nacional del Prado nos invita a pasear, disfrutar de la gran exposición
temporal de las obras del escultor JUAN MUÑOZ (Madrid, 1953- Ibiza, 2001),
asiduo visitante a lo largo de toda su vida al Museo del Prado.
Comisariada
por Vicente Todolí. La exposición reúne unas treinta y siete obras, nos
paseamos por el Museo al encuentro de ellas las esculturas, en las salas C y D
del edificio Jerónimos y diferentes espacios del edificio Villanueva, instalaciones,
esculturas, libros personales, gabinetes con pequeñas figuras, dibujos y
grabados que revelan la profunda conexión que el artista mantuvo con los
grandes maestros del Prado, como Velázquez y Goya, y con las tradiciones del
Renacimiento, el Manierismo y el Barroco.
A ese
conjunto de obras se añaden las que el Prado ha permitido que salgan de las
salas de exposiciones temporales y se desarrollen más vivamente en algunas de
la exposición permanente (Sala 12/ Velázquez y sala 18/ Rubens), y en espacios
como la escalera sur próxima a la entrada de Murillo o en la explanada de la
puesta de Goya. (Importante hacer el recorrido con el desplegable de mano
dedicado a la muestra, para disfrutar de la obra de Juan Muñoz).
Caminamos
ya por la exposición temporal, descubrimos el vínculo entre un artista
contemporáneo y la historia del arte, que Muñoz estudió con pasión y sin orden
establecido desde muy joven, hasta el punto de afirmar: “Puedo tomar de los
artistas anteriores lo que quiera y lo que necesite… No tengo ningún problema
en reconocer que la Dama de Baza es tan importante para mi obra como un tubo de
neón: de la historia del arte robo todo lo que puedo”.
La
escultura de Muñoz se alimentó conceptualmente de la pintura, y el artista
confesó su intención de que su obra conservara los elementos ilusionistas de
esta. De los artistas del Renacimiento asumió una de sus principales
preocupaciones: cómo situar al espectador en relación con la totalidad de la
obra, “en relación con el momento de la creación del maravillarse”.
Inspirada especialmente en el manierismo y el Barroco, la obra de Muñoz se basa
en la experimentación con las formas y los volúmenes de los personajes, las
extrañas relaciones especiales, la sensación de tensión. Atraído por Bernini o
Borromini, emplearía la arquitectura como un recurso capaz de ofrecer un marco
teatral de referencia: “Creo que a los grandes artistas del Barroco -dirá-
se les pedía lo mismo que a los artistas modernos: construir un lugar ficticio.
Hacer el mundo más grande de lo que es”.
A
medidos de los años ochenta del siglo XX comenzó a incorporar suelos ópticos en
minimalistas a la manera de Carl André, concebidas para ser recorridas,
Continuó utilizando la arquitectura como parte integral de su obra, creando
entornos dramáticos que envuelven al espectador. Obras como The Prompter o
The Nature of Visual Ilusión aluden a los dispositivos teatrales del
Barroco, conviniéndonos a los visitantes en actores y testigos a la vez.
Otro motivo recurrente en su trabajo son los balcones, que remiten a los de Manet y Goya como a los de hierro de las calles madrileñas. Para Muñoz, el balcón era <una metáfora de mirar aquello que te mira>, un escenario de observación recíproca.
A
pesar de su profundo compromiso con la historia del arte, Muñoz fue un
innovador que transcendió la estética de su tiempo. Creador de esculturas,
instalaciones, dibujos, escritos y obras sonoras, se considera un narrador
cuyas historias nos piden suspender nuestra incredulidad y adentrarnos en su
ilusionismo barroco.
Mariví
Otero
Manuel
Otero Rodríguez
Fuente:
Juan Muñoz. Historia de arte. Museo Nacional del Prado. Comisario: Vicente
Todolí. Se puede visitar hasta el 8 de marzo de 2026. Documentación y
fotografía: Museo del Prado, Área de comunicación y Asuntos Corporativos.








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