En el
Museo Nacional Reina Sofía, visitamos esta gran antológica comisariada por
Ángel Calvo Ulloa. La muestra recorre cuatro décadas de trabajo del artista y
reúne cerca de un centenar de sus creaciones pertenecientes a colecciones
públicas y privadas, así como al fondo conservado por Juan Uslé y Victoria
Civera.
Ese
barco en la montaña es la segunda exposición dedicada a Juan
Uslé (Santander, 1954) en el Museo Reina Sofía. La primera fue Open
Rooms (2003), que se presentó en el Palacio de Velázquez e itineró por
diferentes sedes internacionales (muestra que pude disfrutar, la recuerdo como
un espléndido trabajo de Uslé, tengo la hoja de sala).
Veintidós
años después, esta nueva revisión a la trayectoria del artista toma como punto
de partida un acontecimiento que quedó grabado en su memoria: el hundimiento
del buque Elorrio en 1960 en la costa de Langre (Cantabria), en un lugar
próximo a la casa que vivía con su familia. Ese hecho vinculado a su
infancia es uno de los recuerdos que el artista rememora con más asiduidad, y
comienza a plasmarla en sus creaciones poco tiempo antes del momento en él
mismo atraviesa el Atlántico para instalarse en Nueva York.
Ese
barco en la montaña nos sitúa en un territorio que se halla entre
lo vivido y lo soñado, un lugar entre la consciencia plena y el delirio
onírico. La exposición recorre cuarenta años de trabajo del artista, donde lo
cronológico y lo discursivo se entrelazan en una evolución marcada por la
diversidad formal. La muestra establece conexiones entre familias de obras y
experiencias vitales que han definido su trayectoria, desde las obras
inspiradas en el tránsito atlántico hasta Soñé que revelabas, una serie
clave que ha marcado el estilo de Juan Uslé durante los últimos treinta
años.
El
recorrido por la muestra lo hacemos a través de 11 salas, incluye piezas de las
diferentes series creadas por Juan Uslé, a las que suele denominar familias,
tales como Soñé que revelabas (SQR), Celibataires, Rizomas, Nemasté, Manthis
o The Last Dreams of Captain Nemo. La exposición se inicia con series
vinculadas a exposiciones ya icónicas como las realizadas en 1987 en la Galería
Montenegro (Madrid) y en 1988 en la Galería Farideh Cadot (Nueva York),
reunidas en la publicación Williamsburg (1989), y discurre a través de
muchas otras muestras individuales como Ultramar (1991).
Se
subraya también la participación de Uslé en la documenta IX (1991)
y la práctica fotográfica del artista, iniciada desde sus primeros pasos
como pintor y consolidada como lenguaje con voz propia en la década de los
noventa.
El
discurso expositivo pretende vincular vida y obra de Uslé, estableciendo
paralelismos entre períodos y familias, que aunque en apariencia distintas,
permiten explorar el trabajo de una artista cuya versatilidad convive con la
coherencia de su propósito.
El
artista subraya algunas ideas recurrentes en su trabajo, como “la intención de
no quedarse en la zona de confort del estilo”, lo que le lleva a “un proceso de
constante descubrimiento, de viaje o de periplos”; también “la indagación sobre
distintos tipos de belleza, que no tiene por qué estar en lo evidente”, o “la
importancia de lo especial y lo atmosférico, que a menudo dan lugar a una ambigüedad
y a una complejidad que requieren de un tiempo largo de contemplación y
escucha”.
La
seguridad en el hacer de Uslé permite que la técnica no quede oculta
tras grandes conceptos, y que no sea tan importante el contenido como la manera
de llevarlo a cabo. La ambigüedad se ve acrecentada por los títulos que Uslé
escoge para sus obras, que evolucionan hasta convertirse en unidades
autónomas de significado.
Mariví
Otero
Manuel
Otero Rodríguez









No hay comentarios:
Publicar un comentario